Exposiciones anteriores en Galeria Efti

Paisaje en la neblina

Ivo Saglietti

Fue expuesta desde el 1 de junio de 2010 hasta 29 de junio de 2010.
Obra de la exposición Paisaje  en la neblina

Estas imágenes son parte de un proyecto fotográfico sobre las fronteras del Mediterráneo oriental, área de separación cultural, religiosa, étnica y política, que a veces degeneran en intolerancia y conflictos. En esta parte del Mediterráneo nace la democracia, la idea de un solo dios y también las divisiones y las tragedias.

Desde un punto de mirada narrativo. Este trabajo, se desarrolla como si fuera un viaje, un largo viaje que empieza a la orilla del mar Balcánico (Albania) y cruzando fronteras y conflictos, encontrando migrantes y prófugos, experiencias ,heridas y horror, termina en el desierto (Siria).

La frontera es sagrada, porque conserva la relación entre identidad y diferencia; pero en el mismo momento que unen las fronteras separan y a veces se abren como una herida profunda: son los confines, donde sobretodo viven los proletarios de la Historia, una humanidad ofendida y humillada, víctima de policías y limpiezas, dividida por el idioma, por la religión, por la política y unificada solamente por su condición de víctimas y por no haber encontrado las palabras capaces de explicar sus sueños.

“El fotógrafo tiene que mostrar, no demostrar” en palabras del fotógrafo. Lo que a Ivo le interesa es, precisamente, hacer visible lo invisible, porque lo trascendente a menudo no reside en la superficie, comenta, sino que resta escondido para que no se vea. Guiado por este principio a finales de los 70 viajó a El Salvador, poco antes de que estallara la guerra, cuando nadie le prestaba atención a la región. Y entró en los campos de Sabra y Chatila en el 82, tan sólo dos días después de haber ocurrido la masacre. Son éstos dos ejemplos en una extensa lista de viajes por América Latina, África, Balcanes y Próximo Oriente. En todos ellos subyace un mismo denominador común: la profunda esencia humanística que refleja su retina.

“Siempre he sentido una inmensa rabia hacia la injusticia y el poder. Mi primer acto de rebeldía -confiesa divertido- fue tirarle una silla a la cabeza a un cura”. Desde entonces ha transcurrido cierto tiempo pero Ivo Saglietti, a sus 62 años, sigue conservando el mismo espíritu inconformista y provocador que durante décadas viene trasladando a sus imágenes. Y es que, como él afirma, “una buena foto debe conseguir mostrar parte de la personalidad de quien la toma”. “Lo que algunos confunden con irreverencia no es sino un ejercicio consciente por cuestionar todo cuanto le rodea, empezando por sí mismo”. En este sentido, la fotografía, como constructora de conciencias, ha resultado ser una herramienta fiel a sus propósitos.

Ivo ha ganado múltiples galardones entre los que cabe destacar los dos World Press Photo que ha obtenido en 1992 y 1999, el Premio al Fotógrafo al Servicio de la Paz y la Justicia en 1996 o el Premio Enzo Baldón que ganó en 2007.

A diferencia de cuando empezó ya no busca cambiar el estado de las cosas. Comprendió que, lamentablemente, la violencia y la guerra son parte intrínseca de la condición de hombre. Lo que ha visto lo ha desencantado, en cierta medida, si bien sigue declarándose amante de esa humanidad de la que forma parte. “Ahora entiendo que el poder de la fotografía es otro. Ésta, más bien, es una forma de hacernos artífices de algo que va más allá de nuestra pequeña existencia. Me sirve para reconciliarme conmigo mismo y con la demás gente, manteniendo viva mi mirada y mi solidaridad”.

American Family Work

David Alan Harvey

Fue expuesta desde el 23 de abril de 2010 hasta 1 de junio de 2010.
Obra de la exposición American Family Work

Durante los dos últimos años el fotógrafo de Magnum y National Geographic ha recorrido su país, Estados Unidos, en coche para fotografiar familias americanas. Como él mismo comenta “Comencé este trabajo porque quería explorar en las relaciones familiares y con la esperanza de que sea una especie de álbum familiar colectivo”.

Una crónica sobre la sociedad americana actual a través del proyecto que este afamado fotógrafo documentalista ha realizado para Magnum y que podrá verse en Efti con la exposición “American Family Work”. Imágenes de familias de todos los puntos de USA, que al final es una reflexión sobre las relaciones y un reflejo de la sociedad americana actual.

El trabajo está hecho con cámara de medio formato tanto en blanco y negro como en color, ya que David piensa “que los álbumes familiares mezclan indistintamente en sus páginas el color y el blanco y negro” .

Este trabajo que ha hecho recorrer al fotógrafo todo Estados Unidos ha ido creciendo y progresando en estos dos años. El final del trabajo de estos años se puede ver en esta exposición y en el libro “Off for a family drive”.

Como el propio fotógrafo explica “todo este proyecto surgió en referencia al álbum de mi propia familia que hice cuando cumplí los 14 años con mi primera Leica. No he hecho ningún intento de hacer retratos “profesionales” propiamente dichos sino que he intentado más bien crear este trabajo como un posible álbum de fotos colectivo”.

Este proyecto es un reflejo de las relaciones familiares que ha creado una gran exposición que ahonda en las esperanzas y en la vida diaria de estas familias, siendo finalmente una muestra de la pluralidad que hay en una sociedad tan amplia como es la sociedad americana actual.

Entre la sabana y el río Niger

Antonio Damián

Fue expuesta desde el 23 de abril de 2010 hasta 1 de junio de 2010.
Obra de la exposición Entre la sabana y el río Niger

En la sala Espacio OFF, se presenta la exposición “Entre la sabana y el río Niger” de Antonio Damián. Una exposición que refleja el viaje por “el rio de los ríos” y nos enseña como fluye la vida entre la sabana y el río en sus 4.200 kilómetros de recorrido. La cámara de Damián nos traslada a Guinea, Malí, atraviesa Níger y Nigeria y desemboca en el Océano Atlántico.

A orillas del río Níger. Malí.

El río Níger nace en Fouta-Djalon en Guinea-Conakry. El río atraviesa Guinea, Malí, Níger y Nigeria y desemboca en el Océano Atlántico. Tiene 4.200 km de largo, de los cuales 1.700 km riegan el Malí. Son los Berbéres quienes le dieron el nombre de “Gher-N-Igheaen”, “ el río de los ríos “, nombre que se deformará con el tiempo y dará lugar al Níger. Entre Fouta-Djalon donde nace y el sur de Bamako la capital de Malí, al Níger le llaman “ Djoliba”: “río del griot”, que significa “persona que cuenta cuentos, leyendas o historia de la familia” pero también puede ser “río de sangre”.

Cerca de Bamako, en Sebenikoro, en el embarcadero se amontonan las barcas como en una película de piratas de hace muchos siglos. El mayor espectáculo que se puede disfrutar es ver pasar al amanecer las barcas, una tras otra, deslizándose por el río entre la luz de la bruma, rompiendo el silencio del paisaje con unos chasquidos secos y profundos que aún oigo en mi sueño, al hincar sobre el fondo de las aguas unas largas varas con las que estos hombres las hacen avanzar por el río, para sacar la arena con esfuerzo titánico, incluso jugándose la vida con los cocodrilos. Esta arena, que traen al embarcadero, la venden para la construcción de viviendas. Allí disfruté de un momento mágico. Pude distinguir entre la niebla a una sencilla barquilla llevada por un niño y su padre, que echaba las redes pausadamente, como si tratara de depositar aquella sabiduría en su hijo.

Kolongotomo está situado al norte, a 120 km de Ségou, dirección Macina, “paraíso de los mil lagos” tierra de los pescadores Bozo y de los agricultores Soninke. A final del siglo XIV, los Peul nómadas, dirigidos por Maka Diallo, descubren estas tierras maravillosas para sus ganados y ya no las abandonarán jamás. Independientes por instinto, los Peul de Macina resistirán a la islamización, aunque más tarde se convirtieron al Islam, religión que extendieron por todo Malí, al mismo tiempo que llevaban sus ganados por todas partes. Kolongotomo lo recordaré como algo especial. Me sorprendió su vegetación, sus campos con amplios canales construidos para regar el arroz, el mijo, maíz... Sus gentes son abiertas y acogedoras con el que llega de fuera. Allí pude disfrutar de un hermoso paseo en una pequeña barca con una familia de pescadores, viendo como echaban las redes al Níger.

Nunca me gustaron los lugares bulliciosos y mucho menos turísticos, pero llegué a Mopti (la “Venecia africana”), bullicioso y turístico puerto fluvial a orillas del Níger. A los habitantes de estas tierras también se les conoce con el nombre de Boso o Bozo, tribu que se dedica a la pesca. Me impresionaron aquellas siluetas de gentes que cruzaban el río por puentes de tablas de madera que parecían sacados de un cuento. Las barcas transitaban de un lugar a otro del río, abarrotadas de gentes, de familias con niños, transportando motos y todo tipo de utensilios. El río Bani que nace en Costa de Marfil, con 900 km de largo, vierte sus aguas en Mopti y se convierte así en el principal afluente del Níger. Los Bozos viven en aldeas pequeñas cerca de los ríos. El tipo más común de aldea está compuesto por casas rectangulares con paredes de adobe y techos planos.

Desde Mopti partí hacia el interior del país Dogon, situado al este. Es una de las poblaciones más antiguas de África pues se remonta a la época paleonegrítica. Me encontré con una tierra muy abrupta, de una belleza muy singular, con grandes paredes escarpadas en piedra y roca, en cuyo interior estas gentes construyen sus casas, inaccesibles para cualquier hombre ajeno a su cultura. Fueron unos días de muchísima calima, polvo y viento a la vez. Sus gentes son muy pobres pero laboriosas. Trabajan con enormes dificultades pequeños terrenos repletos de piedras, plantan huertos y los riegan con el agua de las charcas que queda de la época de las lluvias. Uno se queda admirado del arte que se respira en cada rincón de sus poblados. Puertas, ventanas y esculturas de madera tallada con una originalidad inimaginable se encuentran por todas partes, como símbolos que hablan de sus valores, ritos y creencias: la fertilidad, figuras humanas, la familia, los animales, máscaras para rituales, fetiches, etc.

Falajé está al norte de Bamako, hacia el interior. Allí la vida es muy sencilla y natural, repleta de encuentros que nos sorprenden, con una gran zona escolar a la que acuden niños descalzos desde otros poblados, con su pizarrita camino de la escuela. Niños y niñas aparecen por toda la sabana andando o en bicicleta. La mayoría han tenido que recorrer entre diez y veinte kilómetros para llegar a su escuela. Tuve suerte y era día de mercado en el poblado. Entonces llegaron por estas tierras rojizas familias con sus pequeños carros de madera tirados por borriquillos.

Así fluye la vida entre la sabana y el río Níger.

A 1,20 metros

Cristina García Rodero, Gervasio Sánchez, Ciuco Gutiérrez, José Cendón, Javier Bauluz, Walter Astrada, Juan Medida, Luis de Vega, Álvaro Ybarra, Fernando Moleres, Ouka Lele, Carlos de Andrés, Sandra Sebastián, Alfonso Moral, Rafael Marchante, Sergi Cámara, Sandra Balsells, Eduardo Momeñe y Tino Soriano, junto con otros 20 fotógrafos

Fue expuesta desde el 12 de marzo de 2010 hasta 13 de abril de 2010.
Obra de la exposición A 1,20 metros

Coincidiendo con el 50 Aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño, el Consejo General de la Abogacía Española, la Fundación CGAE, la Escuela de Fotografía EFTI y la ONG Espíritu Social pusieron en marcha un concurso de fotografía sobre los derechos de los niños. La peculiaridad era que el fotógrafo debía situarse “física y simbólicamente” a la altura de un niño (“A 1,20 metros”), para captar el mundo –lo positivo y lo negativo- desde la mirada de un niño.

De las más de mil imágenes recibidas, un jurado formado por Carlos de Andrés, Ciuco Gutiérrez, Cristina García Rodero, José Luis Amores y representantes de la abogacía y de la acción social, seleccionaron veinte fotografías –entre ellas la del ganador, Josep López Vañó, con su fotografía “El 5”- merecedoras de participar en la Exposición.

R.A.D.I.O.

Axelle Fossier

Fue expuesta desde el 12 de marzo de 2010 hasta 13 de abril de 2010.

“La mirada está saturada de estímulos visuales que entierran la verdadera alma de los paisajes urbanos. Para revelar esta esencia oculta hay que sumergirse en el torbellino y atrapar los detalles que la visión superficial convierte en invisibles. Esta radiografía urbana es el primer paso hacia el alma escondida de la ciudad…”

Enter Soluciones Globales 2009 ©