La exposición “Stitches and images” (literalmente “puntos de sutura e imágenes”) hace una referencia explícita a lo descarnado y físico de su acercamiento al retrato como género que sin embargo cuestiona y derrumba como un castillo de naipes. Sus personajes destilan ambigüedad y sexualidad a la vez que espontaneidad y frescura. Elke no toma partido ya que simplemente pone sobre la mesa la eterna batalla entre lo que la gente es y lo que quiere ser, y entre eso y lo que la sociedad espera o demanda de ellos.
La obra en video resulta muy desconcertante y sorprendente, siempre con una cámara fija que parece estar a la espera de un acontecimiento inaudito o una representación preparada especialmente para el espectador.
Por último, los dibujos de Elke están llenos de figuras con cuerpos de los que florecen rosas como por encantamiento, o extraños puntos rojos, ¿sangre quizá? Todos ellos de una corporeidad carnal y una simplicidad admirables.
Según el comisario Frederick de Preester, "el secreto reside en darse cuenta de que detrás de algo que nos resulta familiar, realmente se encuentra algo diferente".
Nuestras estrategias en esta exposición son por tanto contradictorias y esencialmente instrumentales, coincidentes con los métodos de trabajo de Noelia y Miranda quienes hurgan en las heridas de la realidad mediante la teatralidad del estudio fotográfico y los microcosmos utópicos de nuestros hogares fragmentados. El crítico e historiador del arte Juan Antonio Ramírez es aún más revelador y concluyente:
“El escenario sin la figura humana es el resultado previsible de la teatralización de la/s vida/s. Nuestra existencia es la nada, un conjunto de gestos ocasionalmente desplegado ante un atrezzo inanimado y convencional. Naturaleza muerta. Sólo somos “modelos”. Venimos de una representación y a otra vamos, tal vez. En verdad, sólo importa el click instantáneo del disparo fotográfico. Eso debe de ser, seguramente, la inmortalidad (irónica) del arte.”
Noelia García Bandera (Málaga, 1974) es una artista comprometida y honesta que nos habla con gran sabiduría del género femenino, no solo de su vida (el matrimonio, la edad, los roles sociales, etc) sino también de su muerte que siempre se encuentra latente a modo de memento mori en su obra.
Miranda Sharp (Worcestershire, Reino Unido, 1977) por su parte, retrata paraísos perdidos con una mirada nostálgica hacia el pasado, hacia la infancia, contemplada con ironía desde el otro lado del espejo. En su obra nos preguntamos si lo que vemos es una “infancia recuperada”, como la de Fernando Savater, o perdida para siempre jamás.
Podría ser sorprendente denominar paisajes a las obras de Nanna Hänninen (Rovaniemi, 1973) debido a su apariencia minimalista y abstracta. Son fotografías que, en palabras de la propia Nanna, "dibujan los movimientos de mi cuerpo fundiéndose con el paisaje". De esta manera, la presencia humana se hace explícita y transforma el escenario de forma decisiva, convirtiéndolo en algo abstracto aunque más manejable. La luz y las largas exposiciones configuran un lenguaje con una sintaxis que habla del individuo sumergido en su entorno exterior y de su control o su falta de control sobre él.
“Mis New Landscapes se localizan en famosas ciudades y edificios, fábricas, cementerios, aeropuertos, o torres, lugares de importancia estratégica en los que te encuentras un escenario con una mezcla de luces que, fotografiadas con una exposición larga, se convierten casi en películas cortas”.
Nanna crea partituras musicales puntuadas por el latido de su corazón, sus movimientos y su risa, todas experiencias vitales en un mundo real que amplifica sus sonidos como una caja de percusión. Las fronteras entre lo individual y lo universal se diluyen por medio de un artefacto, la cámara fotográfica, que actúa como una prótesis unificadora del sujeto y el objeto, el yo y el otro. Nanna en definitiva se atreve a desafiar el paradigma de la fotografía y su canónica representación de la realidad.
Jamie Baldridge (Louisiana, EEUU, 1975) ha sido tildado de “nueva sensación fotográfica” gracias a un estilo muy personal y diferenciado que recoge la tradición sureña y el barroquismo francés y los transforma en una fotografía con un flair clásico pero actual, y siempre trufada de grandes dosis de humor negro.
Dystopia (distopía): nf. Dícese de la utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. Término antónimo de “utopía” que se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia (frecuentemente emplazada en el futuro cercano) en donde las tendencias sociales se llevan a extremos apocalípticos. Veánse como ejemplos en la literatura y el cine “1984” (1949) de George Orwell, “La naranja mecánica” (1962) de Anthony Burgess, y más recientemente “V de Vendetta” (1981-88) de Alan Moore y David Lloyd, y “WALL•E” (2008) de Andrew Stanton.
Jamie es un cuentacuentos que hace magia con las imágenes. Tiene el don de llamar a nuestra imaginación y a nuestra memoria de la infancia como si fuera el hombre de la arena o el flautista de Hamelín. Sus fotografías contienen algo de antiguo y de atávico, un algo indefinible pero que está ahí, despertando nuestro inconsciente. Heroínas en juegos imposibles, superhéroes en misiones secretas... un mundo paralelo al nuestro, un salto al vacío. Sin duda hay que tener cierto atrevimiento para jugar esta partida... e incluso "sería bonito si acabaras un poco maltrecho al final del camino", como el propio Jamie asegura.
El trabajo de Ellen Kooi (Leeuwardeb, Holanda, 1962) integra paisaje y figuras inspiradas en el trabajo de Patinir. Da importancia a unas vistas que pasan a ser de un mero telón de fondo a un protagonismo más de la narrativa, como si fueran una persona. La reinvención que consigue del paisaje con figuras vas más allá de la reinterpretación a la relectura y levanta de la nada, de la cotidianeidad, imágenes de magia y simbolismo
Foto: Ellen Kooi, LIssabon-border, 2008
Fuente: Festival FhotoEspaña 2009