Oldenburg, que ha desarrollado su trayectoria como periodista especializado en gastronomía y vinos, sorprende en esta exposición con una mirada que se aleja de la materia hedonista habitual en sus reportajes para centrarse en fragmentos recurrentes y contradictorios del mundo que habitamos, a veces tan rutinarios que resultan imperceptibles. En concreto, la serie Marcografías que se presenta en el espacio Cabinet surge de una obsesión: en sus frecuentes viajes, Oldenburg no puede evitar desviar el objetivo a los paisajes, objetos y demás elementos que se encuentran “enmarcados” por otro: marcos de puertas que llevan a un prado, o a ninguna parte; un agujero en un muro tras el cual se descubre un vergel; el ojo de la cerradura de una puerta que esconde un vestigio de la historia; espejos que encuadran un reflejo inesperado; la ventana de un hotel remoto, que revela una visión insospechada de un paisaje urbano… Estas visiones, recopiladas durante varios años en los escenarios más diversos –los rascacielos de Shangai, los remotos valles de Salta, en el norte de Argentina, las islas Hébridas…– suponen un contraste estético que Oldenburg se ha encargado de remarcar asociando dos visiones contrapuestas, o afines, en una misma pieza, a la manera de un díptico.
La muestra presenta una serie de fotografías relizadas en La Casamance, una zona del sur de Senegal, la menos visitada y conocida pero no por ello la más interesante- en palabras de la artista.
Las fotografías se han realizado a partir de diapositivas positivadas en papel Metalic y en formatos de 1, x 70 cm y una serie de fotografías en cajas de luz positivadas en Duratrans en formatos de 45 x 30cm y 36 x 24 cm.
Esta exposición ha sido gestada a partir de una serie de viajes a esta zona en un período de 8 meses. Quizás Africa representa para los viajeros el sueño máximo y por ello el viaje.
Tal vez no sea más que un afán de aventura, la resistencia infantil del corazón a aceptar la vulgaridad y la rutina del mundo.
“Africa será siempre la de la época de los mapas de la era victoriana, el inexplorado continente vacío con la forma de un corazón humano”.
Graham Green