…Ciertas calidades profundas que enfatizan el porvenir de Carlos Albert nos deleitan en las obras de pequeño formato, esos hierros forjados que son capaces de generar movimiento de aire y escribir pausas en la mirada. La gravidez de las disposiciones y el cariño hacia los huecos se unen para desentumecerse…
…Del exterior luminoso, regresamos a la luz interior. En este encuentro tan íntimo y personal, como emotivo, que propone el artista, sus obras desprenden un halo poético singular, que se manifiesta claramente en la proyección de las sombras de cada pieza, con las que conforma un espacio interior que equilibra la composición del volumen.
Carlos Albert asume ingredientes clásicos en la concepción de sus creaciones: el dibujo (como raíz del proceso), la composición, el volumen, el espacio y la materia. Todos estos componentes representan el paso previo a la intervención de otros elementos –el fuego, principalmente- y al esfuerzo propiamente físico de la elaboración escultórica. Destacan, igualmente, los relieves, en los que el escultor escenifica su particular otoño en ocho composiciones verdaderamente interesantes. Carlos Albert ha trabajado con Chirino, admira a Pablo Gargallo y, al igual que Bernini, propicia la acción de la luz en sus piezas.
Quiero decir con esto que, aún reconociendo sus influencias artísticas –todos los creadores desde la antigüedad absorben de otros autores- este joven escultor acumula una producción con una identidad propia. Le auguro un futuro que ya es presente, porque de su lucha titánica con los elementos surge una obra plena de energía y cargada de emoción.
Fuente: Juan Antonio Moreno.