Scene Grammar es un proyecto que investiga las relaciones entre las fronteras del Arte Conceptual y Minimal, incorporando e interrogando nuevas ideas sobre una nueva modernidad en torno a lo teatral, aportando nuevas representaciones gramáticas. Partiendo de esta línea de investigación, la exposición ofrece distintas narraciones del escenario o de un ambiente creado. La mayoría de los artistas invitados cuestionan, a través una amplia variedad de medios, elementos que se encuentran en los límites entre experiencia artística y vital y una constante búsqueda de conexión entre las obras y la sociedad.
Creando una combinación entre las fronteras de la geometría, la ficción y la realidad, el proyecto XXXXX surge de la observación de la bandera colocada en la Plaza de Colón de Madrid, situada a unos metros de la galería. Se trata de la bandera más grande izada en España y que en sí misma levanta grandes polémicas en cuanto a su simbología. Sin embargo, su forma, más allá de su contenido, merece ser observada: Una superficie masiva de tela, ondeada caprichosamente por el viento.
Toda bandera, por su forma, guarda una relación de proporciones con formatos conocidos, como un folio o un fotograma de una película. La acción del viento provoca un movimiento aleatorio e imprevisible, constituyendo una animación muy simple. De este modo, la bandera se convierte en un objeto capaz de despertar una cierta tensión o suspense.
XXXXX propone un objeto para la mera observación, y por ello, dota a la bandera de un cierto valor pseudo científico: Una retícula reconocible, capaz de ser comparada con el resto construido por la imaginación.
XXXXX a su vez nace con motivo del proyecto de escultura al aire libre en Tulln, Austria. Allí la bandera se situó junto al río Danubio durante los tres meses de verano, donde se realizó un análisis mediante fotografías, videos y dibujos.
Para la exposición Belén Rodríguez utiliza diversos espacios en la galería, desde la fachada donde ondea la bandera, hasta dos animaciones de la misma, distribuidas entre escaparate y sótano, donde también se pueden apreciar collages y trabajos sobre papel.
Belén Rodríguez ha expuesto recientemente en Österreichisches Künstler Atelier – Arakawa Ku de Tokio (2009), Josh Lilley Gallery de Londres (2009), Engelhorn Galerie, Viena (2009), Premio Generaciones de Caja Madrid (2009), MACUF, La Coruña (2008), Künstlerhaus, Viena (2007), Mluv ke me - Vytvarnych Umeni V Praze, Praga (2006) o UdK, Berlin (2005) entre otros.
La obra principal, The Limit of Everything, que da título a la exposición, consiste en un complejo sistema mecánico que se expande y se contrae gradualmente para formar continuamente una espiral de luz. La obra, como los propios fotónes, se presenta unas veces como una partícula y otras como una ola, recordándonos el filo de una cuchilla de afeitar mientras hace un corte en la retina. The Celestial Meters son una serie de nueve barras que recuerdan la historia de la medida, es decir del metro. Replanteado durante la Revolución Francesa, el metro era un intento de encontrar una medida de longitud estándar que fuese más democrática e igualitaria y que no fuese tan precaria como el pie humano, los dedos o incluso el tiempo. Finalmente la nueva república decidió utilizar la tierra como su medida, dado que se descubrió que el metro era un 10-7 de la longitud del meridiano desde el Ecuador al Polo, a través Paris. Sin embargo, dadas las limitaciones de la tecnología en la época, esto no es del todo correcto. Las 9 barras, que varían entre 9,5 y 18cm de largo, son todas de un metro en relación con la circunferencia de cada planeta. Subrayando la fragilidad de tales sistemas, el trabajo acomete el interés que el artista tiene por la historia de la ciencia y por el impacto des ésta sobre nuestras vidas y sobre la realidad. Perimeter Studies continua la serie basada en el 4º de los sólidos platónicos, el dodecaedro, y son las primeras obras que el artista realiza en bronce. El artista ve la obra como una serie de diagramas geométricos de radiantes dilataciones y contracciones, inspirado por los problemas, tanto filosóficos como conceptuales, que plantean los intentos de explicación del Big Bang. Slow Arc inside a cube VI esta inspirado en la vida y obra de Dorothy Hodgkin, y en la descripción que ella, como pionera, usó para describir un proceso llamado “Cristal Radiography”, por el que se ha descubierto la estructura de la insulina de cerdo, una compleja cadena de proteínas. Comparó este prolijo proceso de extrapolar la densa “nube” de proteínas desde resmas de rejillas cromatografícas a “intentar entender la estructura de un árbol simplemente por la observación de su sombra.” Esta obra es la última de una serie donde, un halógeno pequeño y brillante, colocado al final de un brazo articulado, se acelera y desacelera diagonalmente dentro de un cubo de malla, dibujando una trayectoria rectilínea de un rincón a otro. La obra usa el espacio como lienzo y tiene mucho que ver con la relación entre la fuente de luz en movimiento, la jaula, que es la única constante, y la sombra cambiante de esta constante proyectada sobre las paredes del espacio. Es la sombra de un cubo, pero no es una silueta sino una sombra en sí misma, la sombra inversa de un cubo. Con Axiom 3 Conrad reintroduce en su obra el uso de la madera. Concebido como una metáfora epistemológica actualizada, el trabajo toma el tetraedro, el más simple de los sólidos platónicos y el antiguo símbolo del átomo, como bloques de construcción que juntos forman una torre tambaleante de espirales ascendentes. La estructura modular, aparentemente irracional, podría seguir aumentando hasta caerse inevitablemente por su propio peso. Finalmente podemos ver Time Rule (179m), una única longitud de tiempo recuperada desde su épica, y criticada instalación, Chord, que tuvo lugar en un túnel abandonado de Londres al final del año pasado.Compuesta de 2 maquinas de hilar que lentamente trenzaron una cuerda por debajo del túnel mientras funcionaban, la máquina necesitó 179 minutos para fabricar Time Rule (179m), una estructura que trata el tiempo tanto como de una línea se tratara o como un ciclo, cuestionando las muletas sobre las cuales descansan nuestros sistemas actuales.
La exposición invita, no sin cierta ironía, a la reflexión en torno a los criterios derivados de la experiencia artística y de creación.
En su recorrido se percibe un vínculo plástico común a todas las piezas: un predominio de lo dorado, un color que, discretamente, hace que “brillen por sí mismas”. Sin embargo, y más allá de las pretensiones cromáticas, una mirada atenta descubrirá la proposición de un doble juego con otras historias supuestamente adorables: la necesidad de hacer, el deseo de gustar, de mirar, de sentir placer, de poseer, de parecer, de valer y otras tantas cuestiones que suceden en el proceso que va de la creación a la exposición o incluso más allá Por otro lado, en esta muestra se pretende poner de manifiesto la existencia de dos tiempos diferenciados –el antes y el después– que van unidos a los dos procesos fundamentales de quien lo hace posible y quien lo ve. El uno no cabe sin el otro. En ese vínculo que se crea, que une o distancia según la ocasión, es donde se da la necesidad de compartir.
Compartir, según el diccionario, es participar en algo, actividad que lleva a cabo el espectador, el coleccionista, el artista e incluso el galerista con cada obra. En ese acto de compartir hay una distancia que no siempre se salva , como si fuera un mensaje que pasa de oreja a oreja y en el camino algo se pierde o se gana o cambia. Desde el que lo hace hasta el otro hay sólo una interferencia o un enlace (o así debiera ser) que es la obra y en ese salto hay millones de posibilidades nuevas que no son la primera o quizás sí…
“Una idea brillante…” es una exposición concebida como un proyecto en el que todas las obras están relacionadas entre sí a pesar de que funcionan individualmente. Ha sido ideada teniendo como propósito trabajar con el espacio, con la relación entre las piezas y con la autonomía de cada una de ellas, pero sobre todo con los agentes y criterios del arte:
situaciones del artista, del coleccionista, del espectador, de las propias obras o incluso del mercado, del valor y de la historia.
Amaya González Reyes vive y trabaja en Pontevedra. Recientemente ha participado en exposiciones colectivas nacionales e internacionales. Entre sus últimos trabajos podemos destacar su participación en la Bienal de Pontevedra en 2008; el proyecto “YO GASTO” (mostrado en Pilar Parra & Romero en 2008 y más tarde en Solo Proyects en ARCO 09); la exposición “Osadía (quiero ser un poco como On Kawara)” en el Centro Cultural Montehermoso, Vitoria-Gasteiz en 2008.