Gañán ha elegido la abstracción geométrica como léxico expresivo para experimentar con las formas, para conceptualizar la composición, para traducir a través de líneas meticulosas o grandes planos cromáticos un contenido intelectual del hecho pictórico o escultórico.
La manera en que Emilio Gañán asume las soluciones plásticas de sus obras hace suponer que sus intenciones van encaminadas a argumentar aspectos inherentes al lenguaje visual. Cuando aborda la escultura asistimos una vez más a la constatación de aquellos principios creativos que caracterizan la obra de este artista: la línea –recta- como protagonista de la composición, la reformulación del espacio plástico y de las potencialidades del vacío, la síntesis y la sugerencia en las formas. Su obra Quadrivium, realizada con varillas de acero soldadas, ha sido concebida como una obra múltiple, divisible, multiforme en su disposición, de equilibrios sugerentes y distintas perspectivas. Las piezas que componen Quadrivium parecen estar inspiradas en la repetición de estructuras que obedecen a un propósito esencialmente plástico, donde la composición ha sido sometida a tal economía y depuración formal que el resultado soslaya cualquier anécdota, cualquier atisbo de representación.
Los títulos de las piezas, como tantas otras soluciones de la obra de Emilio Gañán, surgen en el propio proceso creativo, y una vez más, vuelven a ser el enunciado de implicación poética que sugiere una posible lectura de la obra, sin constreñir a un único camino otras posibilidades interpretativas. En su recorrido plástico, Gañán reconoce influencias y asimilaciones plásticas que han matizado su obra, y en este itinerario su lenguaje ha conseguido la síntesis que finalmente confiere madurez y solvencia a sus propuestas artísticas.
Emilio Gañán es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca en la especialidad de Pintura y su primera exposición individual tuvo lugar en la Facultad de Geografía e Historia de Salamanca en el año 2000. Desde entonces, su obra se ha presentado en numerosas exposiciones y ferias nacionales e internacionales de arte en Madrid, Badajoz, Pamplona, Sevilla, Cáceres, Lisboa, Mérida, Salamanca, Bogotá, Sao Paulo, Caracas, Azores, entre otras. Recientemente obtuvo el Primer Premio de la II Bienal Extremeña de Artes Plásticas y este reconocimiento se ha sumado a otros obtenidos en diferentes certámenes y concursos de pinturas entre los que se encuentra el III Premio de Artes Plásticas del Gobierno de Cantabria, el Premio Especial de Pintura Timoteo Pérez Rubio, entre otros. Sus obras forman parte de importantes colecciones públicas e institucionales como la Junta de Castilla y León, la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, la Caja de Extremadura, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Roma, la Casa de Velázquez de Madrid, la Fundación El Monte de Sevilla, entre otros.
Por su parte, el Espacio Proyectos de la Galería Fernando Pradilla, continúa exhibiendo la muestra colectiva “Polimorfo(s) Perverso(s)” organizada por el comisario y crítico de arte Andrés Isaac Santana que agrupa la obra de una treintena de artistas internacionales y que ha sido concebida como un proyecto multidisciplinar con obras de artistas como Gabriel Acevedo Velarde, Javier Aguilera, Carolina Antoniadis, Rorro Borjano, Sebastián Beyró, Muu Blanco, Starsky Brines, dEmo, Salvador Díaz, Héctor Francesch, Paco Fuentes, Julio Galán, Zurzo Gómez-Chao, Cynthia González, Fernando Gutiérrez, Fernando Gutiérrez (Huanchaco), Maykel Linares, Enrique Marty, Mariana Monteagudo, Vicky Neumann, Nadín Ospina, Michel Pérez (El Pollo), Jorge Pineda, Miguel Piñeiro, Ambra Polidori, JM Pozo, Carlos Rivero, Samuel Salcedo, Óscar Seco, Julián Trigo y Nadav Weissman.
La obra de Juan Francisco Casas recrea con grandes dosis de sensualidad y promiscua cercanía un retrato generacional en el que se reconoce la perspectiva íntima y personal de un artista involucrado en la narración visual y en la anécdota que acontece. Para Juan Francisco el componente autobiográfico es un signo clave en el desarrollo de sus obras. Como ha reconocido en varias ocasiones “las caras y los cuerpos de otras personas…” le valen como medios para contar su propia vida. En el mundo lúdico y desinhibido que perfila no aparecen seres desconocidos o ajenos al artista; no se trata de personajes anónimos “captados” para ese momento. Son amigos o conocidos que participan de la vida profesional, personal e, incluso, íntima del artista. Sin embargo, los retratos de Juan Francisco no pretenden interpretar al retratado, -aun cuando revelan demasiados datos e información del protagonista-; no ponen el énfasis en resaltar lo extraordinario o excepcional del instante, no buscan revelar postulados inescrutables. El propio artista ha afirmado que elige temas carentes de la menor trascendencia -entendida ésta en los términos que históricamente se le ha atribuido para abordar las temáticas del arte-. A Casas le interesa mucho más mostrar lo que la realidad le descubre y, a ser posible, con la mayor escrupulosidad plástica.
La vida que se dibuja en las obras de esta exposición transcurre casi siempre afterhours; otras veces es the day after de una noche de juergas y diversión, el desmemoriado amanecer en el que apenas se reconoce ¿de dónde venimos? o ¿adónde vamos? En estas obras, sus amistades -las femeninas, especialmente- protagonizan la anécdota, primero fotografiada y luego dibujada. Mujeres risueñas y sensuales, desnudas, felices y despreocupadas que son sorprendidas en una instantánea inesperada, para la que no “posan” ni se atavían y que consiguen con ese desenfado y desprejuiciadas actitudes cargar de frescura y vitalidad la obra que las encumbra. Cuando se trata de autorretratos, el artista recibe el mismo tratamiento, su intención es mostrarse tal cual es, al tiempo que desafía las circunstancias miméticas clásicas de representación. A partir de obras en series el artista contempla su propia cotidianidad de manera descarnada y alejada de la representación mítica o condescendiente de sí mismo.
La economía de medios –sólo un bolígrafo Bic o un rotulador negro le bastan para crear-, el absoluto dominio de la técnica, la visión cargada de humor y desparpajo, la apropiación inteligente y manipuladora que realiza de los recursos plásticos académicos, el nexo dialéctico que plantea entre el espectador, la obra y el artista, y la concepción de composición de obras en series, configuran ese lenguaje directo, diáfano y efectivo que sustantiva toda su obra.
Juan Francisco Casas es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Granada y Premio Nacional de Fin de carrera del Ministerio de Educación y Ciencia. En 2002 finalizó el Doctorado en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada. Fue el ganador del Premio de Pintura ABC en la edición 2004 y seleccionado para la Muestra de Arte INJUVE 2002 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En la 2ª Bienal de Praga de mayo del 2005 fue el único representante de España. En 2008 obtuvo la Beca de la Real Academia de España en Roma donde residió un año. En esa ciudad colaboró con el artista Joseph Kosuth, así como en el montaje de su exposición de La Casa Encendida de Madrid. En ese mismo año participó en la exposición “Inventio” que se presentó en la Real Academia de España en Roma y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.
De vuelta en España, formó parte de la exposición itinerante 10 Años de Arte en los Premios ABC exhibida en el Instituto Cervantes de Nueva York y de Moscú, y que recorrerá otras sedes de esta institución en Tokio y París. Ha realizado numerosas exposiciones individuales destacando Saturdaynigthbathroom y Bare(ly)there (Galería Fernando Pradilla, Madrid, 2005 y 2008 respectivamente), MyLovingNation (Galería Ferrán Cano, Palma de Mallorca, 2007), Sacrebleu! (Galería Sandunga, Granada, 2006), Mis(s)behave (Sala Rivadavia, Diputación provincial de Cádiz, 2006) y participado en diversas ferias nacionales e internacionales, entre las que destacan ARCO (Madrid) , KIAF (Seúl), SCOPE BASEL (Basilea), SP Arte (Sao Paulo), ArteBA (Buenos Aires), Arte Américas (Miami), TIAF (Toronto), FIA (Caracas), ArtMadrid (Madrid), entre otras. . Su obra se encuentra en el Museo Artium de Vitoria, en las colecciones de ABC-Vocento, de INJUVE, de Caja Granada, de la Diputación Provincial de Cádiz, y de numerosas colecciones particulares en España y en el extranjero.Como labor paralela ha publicado numerosos libros entre los que destacan los poemarios Thesummerhaikus y A y otros poemas de relleno en Ediciones Alea Blanca.
Por su parte, el Espacio Proyectos de la Galería Fernando Pradilla continúa exhibiendo la obra de Moisés Mahiques (Quatretonda, Valencia, 1976) de su exposición Sweet Illness conformada por tres temáticas plenamente diferenciadas y vinculadas a la vez en la que el sexo, la violencia y los desastres se convierten en los ejes que movilizan las acciones más instintivas y primarias del ser humano, atrapado en un contexto social conflictivo y contradictorio que determina sus circunstancias. Asimismo, otras salas del Espacio Proyecto de la Galería Fernando Pradilla estarán dedicadas a exhibir una selección de fotografías de los artistas Germán Gómez (Gijón, 1972) y Alexis W. (El Hierro, Islas Canarias, 1972).
Con sus fotografías, piezas únicas casi siempre, Germán Gómez recrea una iconografía gestada en los territorios de la subjetividad. La selección de sus series de Compuestos, Dibujados y Condenados que se exhiben en esta ocasión, reafirma una vez más, la intención del artista en apropiarse de cuerpos ajenos para indagar no sólo en el ámbito anímico de sus retratados sino también en sus experiencias más íntimas y privadas.
Por su parte, Alexis W., nuevo artista representado por la Galería Fernando Pradilla, presenta una selección de fotografías de sus series Mi Colección de Vidas y La ventana indiscreta. Con Mi Colección de Vidas el artista aborda el retrato como recurso de plasmación de la identidad. Sus retratos descarnados y sensibles a la vez, de apariencia académica por sus reminiscencias al retrato barroco español e italiano, se connotan de una contemporaneidad sustantivada por el tratamiento del tema, por la elección de sus modelos, por la concepción reivindicativa de individualidades e identidades. En las fotografías de la serie La ventana indiscreta, el sofá se erige en co-protagonista de una escenografía escueta en la que los desnudos de grupos o individuos, sentados en un sofá, van revelando sus relaciones y vivencias personales, su drama íntimo y su manera de entender la vida.
Tania Iglesias
Marcos López (Santa Fe, Argentina, 1958) presenta su tercera exposición individual en la Galería Fernando Pradilla. Bajo el título “Tristes Trópicos” se reúnen 16 fotografías de sus series Sub-realismo criollo, Paisaje Urbano y Pop Latino. Una vez más, Marcos López consigue argumentar con su lúcida mirada los semblantes contradictorios de la realidad latinoamericana, las tramas de un contexto exuberante y confuso que desborda su representación. Con esta muestra, el artista recorre el universo del desencanto y la desolación, la invasión, más que del desconsuelo, de la desesperanza y el desaliento en los rostros de sus retratados. Enfrentar al espectador a su propio desamparo, movilizar su sensibilidad, calibrar la distancia que lo acerca o lo aleja de la tragedia fotografiada, son las inscripciones que explican el proceso creativo de este fotógrafo argentino.
Marcos López ha fijado una iconografía mestiza y singular que alía el estándar y la diversidad, el espectáculo y la tragedia, la autenticidad y el estereotipo, componentes extraídos del ámbito de los medios de comunicación social, en el que la publicidad y sus reclamos, la televisión y las telenovelas, las historietas y sus superhéroes, el cine y las estrellas, dibujan una irrealidad cada vez más engañosa, menos comunicativa, más enajenante. López refunde este universo y a partir de una puesta en escena personal caracterizada por la estridencia cromática, el efectismo y la afectación en la concepción de sus escenografías, la asimilación de los elementos del kitsch urbano, la precisión y el equilibrio en la estructura formal de la composición, consigue introducir al espectador en el centro del debate sobre lo que el artista ha dado en llamar “la textura del subdesarrollo”. Subdesarrollo que repercute en los ámbitos más privados del individuo, que configura su propia existencia y que traduce el desconcierto, el escepticismo y la sensación de descontextualización que marca su vida. Absorta en la desesperanza nos mira la “Chica tomando cervezas”, impasibles y desilusionados “celebran” los personajes “El cumpleaños de la Directora”, agotados y amargados ultiman la larga noche los clientes de “La Cantina Il Piccolo Vapore”… y así hasta arribar a imágenes que describen más que a sujetos, estados anímicos y reinterpretaciones de angustias propias del autor.
Desde 1978 Marcos López se dedica por completo a la fotografía. Ha conjugado su profesión con la realización de documentales, vídeos, fotografía publicitaria, colaboraciones en medios escritos como Clarín, Elle, Rolling Stone y la labor docente e investigativa en torno a la fotografía latinoamericana contemporánea. Su obra ha sido exhibida en numerosos centros internacionales de arte, entre los que se hallan el Museo de Fotografía en Charleroi, Bélgica, el Centro de la Imagen en México, la Maison de la Radio en París, el International Center of Photography de New York, el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Ivory Press de Madrid, el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona, el MALBA de Buenos Aires y el Museo Alejandro Otero de Caracas. Asimismo, su obra ha sido reconocida con varios premios y menciones, entre los que merece destacarse la Mención Especial Premio Chandon del Museo de Caraffa en Córdoba, Argentina, el Primer Premio “Villa de Madrid”, el Premio de la Asociación de Críticos de Arte de Buenos Aires al Fotógrafo del año 2000 y otros premios-becas de fotografía en Argentina. Instituciones de reconocido prestigio en el ámbito artístico internacional como son el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el Museo Nacional de Bellas Artes de Caracas, el Museo del Barrio en New York o la Casa de las Américas de La Habana, conservan en sus colecciones importantes obras de este artista.
Por su parte, el Espacio Proyectos de la Galería Fernando Pradilla presenta la primera exposición individual en Madrid del joven valenciano Moisés Mahiques (Quatretonda, Valencia, 1976). “Sweet Illness” da título a esta exposición que reúne una treintena de dibujos realizados recientemente y que se agrupan en las series de Disaster Happening Location, Violence Happening Location, Sex Happening Location y –plejías. Moisés Mahiques es Licenciado en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos en la Universidad Politécnica de Valencia. Su primera exhibición individual la realizó en 1997 en la Casa de Cultura de Xàtiva en Valencia, y en los últimos años ha presentado sus series en diferentes galerías de Barcelona, Castellón, Valencia, Alicante, Ourense, Tarragona. En el 2008 obtuvo la Beca MAEC-AECID de la Real Academia de España en Roma y su obra ha sido reconocida con importantes premios, entre los que destacan el Tercer accésit del Premio ABC de Pintura y Fotografía (2007), el Primer Premio de Pintura Villa de Pujol, Valencia (2006), la Mención de Honor en el Premio Joven de Artes Plásticas de la Universidad Complutense de Madrid (2005), el Accésit en el Certamen de Jóvenes Pintores Fundación Gaceta de Salamanca (2004) y el Accésit honorífico en el Certamen de Artes Plásticas de la Diputación de Ourense (2003). A partir del verano de este año ha entrado a formar parte de los artistas representados por la Galería Fernando Pradilla que presentó una selección de sus trabajos en la reciente edición de KIAF en Seúl.
El artista retoma la fuente iconográfica que ha venido signando sus últimas propuestas pictóricas: imágenes extraídas del entorno cinematográfico, de inteligible identificación por el espectador que reconoce las claves de una estética que singulariza dicho modo de narración audiovisual. A partir de aquí, Pipo Hernández establece una simbiosis entre los signos formales de la imagen pictórica y de la cinematográfica, que se inicia con la segregación de un fotograma y prosigue con la alteración de un plano, con la recreación de un encuadre o con la manipulación del espacio o de la luz, para arribar finalmente a una percepción de tiempo detenido e imagen estática o congelada, que recorre toda la obra.
Sin embargo, el enfoque cardinal de este artista va encaminado, no ya a reflejar con verismo y habilidad técnica la realidad elegida, sino a generar un juego de asociaciones visuales contrapuestas; a configurar una connotación distinta para la imagen recreada, porque cuando Pipo Hernández descontextualiza un fotograma cinematográfico, lo está trasladando a un nuevo espacio conceptual. A través de un “montaje analítico” el artista inserta en algunos de sus trabajos elementos no pictóricos inusuales (un haz de luz de neón que atraviesa el conjunto, textos en los márgenes del cuadro, curiosos desenfoques…), suscitando, en dicha yuxtaposición, un proceso dinámico de composición de la imagen, que de esta manera cobra una nueva carga semántica. El espectador, acostumbrado a signos reconocibles en este tipo de narraciones (decorados, mobiliario, maquillaje y vestuario de los personajes, etc.) es conminado a decodificar unos caracteres grafológicos o a recomponer unos signos más complejos que, cuando menos, le generan extrañeza o perplejidad. El propio artista ha reconocido que los textos que incorpora en sus obras “asumen una condición exactamente opuesta a la del subtítulo cinematográfico: no resuelven un problema, al contrario, actúan desafiando las expectativas de comprensión al primer vistazo”. ´
Pipo Hernández reconstruye una interpretación personal para las narraciones fílmicas que pinta. La sutileza con la que maneja los recursos plásticos expresan su vocación de reflejar un contexto complejo y poliforme que se rehace cada vez y lo hace con voluntad subversiva al pretender situar lo marginal y periférico en el centro de la lectura de sus obras.
Desde 1993 viene presentando su obra en numerosas exposiciones en galerías e instituciones de ciudades como Santa Cruz de Tenerife (Círculo de Bellas Artes, Academia Crítica y Centro de Arte La Recova), Barcelona (Galería Antonio Barnola y Galería ADN), Las Palmas de Gran Canaria (Sala San Antonio Abad, Ayuntamiento de Telde, Galería Manuel Ojeda y Galería Saro León), entre otras. Ha participado en las ediciones de ARCO de 2006 y 2007 y recientemente exhibió sus trabajos en la Segunda Bienal de Arte y Arquitectura de Canarias y en la Décima Bienal de la Habana. Entre los reconocimientos a su actividad artística figuran el Premio de Pintura en la Bienal de Artes Plásticas (Santa Cruz de Tenerife, 1998), el 2º Premio en el Certamen de Pintura Viña Norte (Santa Cruz de Tenerife, 1999) y la Mención de Honor en el I Concurso ABC de Pintura (Madrid, 2000).
Por su parte el Espacio Proyectos de la Galería Fernando Pradilla continúa presentando la exposición “Nuevas Miradas: artistas brasileños contemporáneos” que expone la obra de los artistas Albano Afonso, Felipe Cama, Hildebrando de Castro, Sandra Cinto, Lia Chaia, Valdirlei Dias Nunes, Vicente de Mello, Beth Moisés, Ding Musa, Mariana Palma, Reginaldo Pereira, Mauro Piva, Gustavo Rezende, Élida Tessler y Fernando Velázquez.
La Galería Fernando Pradilla presenta la exposición colectiva “Frente Cálido”. La muestra recoge una selección de obras de artistas iberoamericanos que se expresan a través de la pintura, la fotografía, el dibujo y el arte objetual. La diversidad de técnicas y temas que son abordados por estos artistas ofrecen una extraordinaria oportunidad para realizar un recorrido por las propuestas plásticas de jóvenes creadores que ya gozan de una significativa proyección nacional e internacional.
La exposición “Frente Cálido” expone la obra de los siguientes artistas:
Rorro Berjano (Mérida, España, 1979) explora en su pintura el mundo del sincretismo religioso afrocubano, vinculando los signos e iconografía de los cultos sincréticos al universo estético de la cultura contemporánea, con lo que recrea un nuevo mestizaje plástico y conceptual.
Fernanda Brunet (México DF, 1965) despliega una obra de exuberante cromatismo y libertad gestual en la pincelada; soluciones plásticas con las que genera delicadas tramas y texturas en sus pinturas. A lo largo se su carrera ha recibido la Mención Honorífica en la X Bienal Rufino Tamayo, la Mención Honorífica en la Primera Bienal Nacional de Artes Visuales de Yucatán y el Premio de Adquisición en la VI Bienal Monterrey FEMSA, entre otros reconocimientos.
Juan Francisco Casas (Jaén, 1976) ganador del prestigioso premio ABC en su edición de 2004, recrea en sus obras una cotidianidad desenfadada y sin prejuicios. Con soltura y precisión, tanto en los óleos como en sus dibujos, perfila un mundo lúdico y divertido que ocurre durante la noche, en compañía de amigos y conocidos. La perspectiva en la que se ubica para captar ese instante le involucra en la narración visual y revela la íntima participación del artista en lo que acontece. Con un lenguaje diáfano y directo, caracterizado por el gran dominio de la técnica pictórica, recrea a mujeres risueñas y sensuales, felices y despreocupadas, que han sido sorprendidas en una instantánea inesperada, para la que no “posan” ni se atavían, y que confieren a sus lienzos una frescura y vitalidad singular.
Paulo Castro (Colombia, 1974) reside y trabaja en Caracas. Este artista, que inició su carrera expositiva en el año 2000, desarrolla una obra en la que el soporte pictórico adquiere, a través del trabajo de las texturas y de la composición, un carácter tridimensional que redefine los límites de su pintura. Materiales rasgados, entrelazados, cortados y pintados, conforman una propuesta más cercana al objeto plástico que a la noción de pintura tradicional.
Victoria Encinas (Madrid, 1962) desarrolla una obra de profunda carga psicológica y emocional. Sus propuestas plásticas comparten, al unísono, dimensiones pictóricas y escultóricas que procuran sensibilizar al espectador, removiendo en él nociones y sensaciones asentadas, con el propósito de exponer una nueva perspectiva en la apreciación y percepción del hecho estético.
Germán Gómez (Gijón, 1972) ha hecho del cuerpo masculino el mapa sobre el que traza las coordenadas de su vida. Toda su obra es esencialmente autobiográfica, y no necesita del autorretrato para mostrar sus incertidumbres, vivencias y certezas. El acercamiento psicológico que realiza a cada uno de sus modelos revela tanto del retratado como del autor, y es que este joven artista, en una franca simbiosis con el modelo, consigue esbozar, sugerir y, en ocasiones, desvelar, recónditas verdades de unos y otros.
Lucas Ospina (Bogotá, 1971) es un magnífico dibujante que valiéndose del color y sus amplias posibilidades expresivas desarrolla una obra lúcida y cargada de cierto sarcasmo. Los dibujos de su serie “El hombre sin atributos” se valen del elemento del espejo para enfatizar una realidad dual. Se trata de personas solas mirándose en un espejo, pero éste les devuelve una imagen distinta de lo que realmente son. La idea de lo que somos y de lo que añoramos se plantea en estas obras como el eterno conflicto que marca la existencia humana.
Lindomar Placencia (Cuba, 1976) realiza una obra que replantea la noción de lo que percibimos. Sus autorretratos “sugeridos” en blanco sobre blanco están cargados de una gran sutileza y originalidad.
Carlos Salazar Arenas (Bogotá, 1973) es un artista preocupado por dar cuenta de la realidad que le circunda. Su mirada se ha centrado en temáticas que dibujan su realidad cotidiana: el narcotráfico, el desempleo, los embotellamientos, los disturbios, las manifestaciones reivindicativas, los actos terroristas de años recientes, las protestas, etc.. Salazar Arenas presenta estos acontecimientos valiéndose de las imágenes que recopila diariamente de diferentes medios de comunicación. Su trabajo recurre a la monocromía y a la mancha, que se van superponiendo hasta lograr pinturas que terminan siendo consecuentes con el contexto que las ha provocado.
Alejandra Seeber (Buenos Aires, 1969). Su pintura se desenvuelve a través de manchas difusas y planos definidos, conjugando valores cromáticos cálidos, fríos o complementarios. Los “motivos” en la obra de Seeber resultan descontextualizados, fuera de sí mismos. Conviven sin aparente armonía y huyen de contornos que los definan. Parecen emerger sin una explicación plausible y gravitan en una atmósfera colorista, compleja y sutil.
Por su parte el Espacio Proyectos de la Galería Fernando Pradilla continuará con la exposición colectiva “Nuevas Miradas” 14 artistas brasileños contemporáneos y una selección de las obras fotográficas de la muestra “Naturaleza de la luz” de Albano Afonso.
Albano Afonso (Sao Paulo, Brasil, 1964) plantea un acercamiento a la naturaleza a través de una triple mirada que la reconstruye desde la imaginación, lo hace subjetivo y la contextualiza en función de cómo nos relacionamos con ella. En esta exposición plantea y cuestiona el canon occidental de naturaleza como proyecto y paraíso, dando pistas de su posible existencia y las probabilidades que tenemos de habitarla
Fuente: Festival FhotoEspaña 2009
Foto: Albano Afonso, Floresta (Forest)
© Albano Afonso
Victoria Encinas (Madrid, 1962) presenta en la Galería Fernando Pradilla su exposición Sensorium, en la que el léxico plástico viene marcado por la ausencia absoluta de referencias anecdóticas o narrativas. Sus obras-objetos cobran una entidad corpórea y orgánica que aluden a una vitalidad biológica, casi visceral. Las “fuerzas” que pugnan por salir en obras como Heliconia Demens o Heliconia Ornamentalis se connotan de una fuerte carga psicológica y emocional. Lo que ocurre en el plano que no vemos sólo podemos intuirlo cuando esas delicadas y sensuales formas consiguen emerger a la superficie.
Según palabras de la propia artista “el término sensorium define la suma de percepciones de un organismo; la sensación global que recibimos a través de la sumatoria de los canales perceptivos con que se vivencian e interpretan los entornos en los que se está inmerso. Es el carácter total del único y cambiante entorno sensorial percibido por los individuos. Guarda estrecha relación con el término cenestesia, que se refiere, sin embargo a la propiocepción, la vivencia del propio cuerpo desde dentro, que implica la complejidad derivada de la unidad y resonancia de la interacción de estímulos percibidos por un organismo”.
Armonía o contraste en los tonos, depuración y síntesis en las formas, economía de recursos, son soluciones lingüísticas que van encaminadas a generar tensión en la percepción del espectador, a establecer una relación sensible para la aprehensión pura del hecho plástico.
Una vez más, el espacio se impregna de la vitalidad que le proporciona la propia dicotomía de sus obras, que comportan al mismo tiempo tratamientos pictóricos y escultóricos, que multiplican la perspectiva, y que develan una disposición plástica más próxima a la instalación, al interés en la apreciación del entorno.
Los materiales de los que se vale para crear sus obras son cuando menos, poco convencionales, y como señala Cereceda “para ello no duda en utilizar precisamente los más artificiales de los elementos artificiales, los plásticos y los polímeros, con cuyos nombres juega, como si se tratase de composiciones poéticas o musicales…”
Con tan sugerente título (“Recuerda que eres mortal”), evocador de lo efímero de la vida y de la certidumbre de la mortalidad, el artista se detiene en ese delicado espacio que marca la mengua de la lozanía, el arranque de la senectud, y extrae de él los atisbos de otra belleza, las sutilezas de un nuevo esplendor más cercano del final que del comienzo. Es por eso que en las composiciones pictóricas de Juan Gallego, aun cuando se recrea el declive y deterioro inexorables de una flor y su proximidad al envejecimiento despiadado e inapelable, ella continúa preservando el atractivo y la frescura que alguna vez la acompañó. Porque para Gallego sigue habiendo belleza después de la belleza.
El artista aborda una temática para muchos arriesgada. La recreación en la pintura de motivos florales y de plantas llegó a consolidarse como un género característico de los códigos más academicistas. Sin embargo, es sabido que no existe tema tópico per se, sino que es su tratamiento y la actitud perceptiva hacia él lo que le confiere tal carácter. Juan Gallego, liberado de cualquier prejuicio plástico y provisto de un bagaje estético consistente, asume la temática con solidez conceptual. A partir de soluciones pictóricas sugerentes, despliega una obra marcada por el conocimiento de las posibilidades expresivas de la luz, por el empleo de una pincelada autónoma y entrecortada, un ritmo espacial que discurre alrededor de puntos de luz, o de sombras; y una paleta de matices decrecientes que conforman las masas cromáticas de sus lienzos. Sus flores adquieren una connotación singular. No se regodean en la complacencia visual. En su deterioro, en su aspecto casi mustio y ajado emerge la narración de una travesía, los avatares de una peregrinación que ha dejado sus huellas en cada fragmento. El recorrido constata lo vivido, la pérdida de una frescura que ya no volverá, el nacimiento de otra etapa vital en la que la juventud no se erigirá ya como el único patrimonio de la belleza.
Con esta segunda individual en Madrid, Salazar Arenas aborda desde las manifestaciones populares de las sociedades contemporáneas, la posibilidad de dar testimonio de un entorno visual que forma parte de un imaginario colectivo, producto de los referentes visuales sacados de imágenes mediáticas de amplio reconocimiento.
Como reportero preocupado por dar cuenta de la realidad que le circunda, Salazar Arenas ha aprendido a mirar de forma exacta y precisa, adentrándose en temáticas que dibujan la realidad cotidiana: el narcotráfico, con sus imágenes de capturados expuestos públicamente; el desempleo; plasmado en esas interminables colas de personas que aguardan sin esperanza; los embotellamientos, los disturbios, las manifestaciones reivindicativas, los actos terroristas de años recientes, las protestas de todo y por todo, en una sociedad desconcertada. La iconografía bélica (soldados en combate, fusilamientos, rescates, conflictos, enfrentamientos violentos, etc.) está presente en buena parte de su obra, hasta convertir el conflicto humano en algo normal a fuerza de convivir cotidianamente con él.
Salazar Arenas presenta estos acontecimientos valiéndose de las imágenes que recopila diariamente de diferentes medios de comunicación. Su trabajo recurre a la monocromía y la mancha, donde un solo valor tonal basta para recrear el contexto de la imagen referencial, logrando que confluyan contextos y personajes de manera orgánica. Su obra se contruye a partir de manchas que se van superponiendo hasta lograr pinturas que terminan siendo consecuentes con el contexto que las ha provocado. De esta manera nos devuelve a las víctimas, a los verdugos y al lugar de los hechos en protagonistas de una geografía estética, donde Salazar Arenas es consciente de su papel de narrador omnisciente de los sucesos.
El argumento de la muestra Alta Tensión, se centra en la idea de hacer visible la paradoja de ciertas construcciones culturales que gozan de un alto rendimiento retórico en el debate cultural y político contemporáneos. La selección de obras ha estado encaminada hacia aquellas propuestas que evidencian esas contradicciones y lo hacen visible en el plano de la representación. En todas las piezas se advierte un elemento que es común: la necesidad de revisar tópicos y hacer denuncia hacia lo que se entiende por un único concepto o paradigma de cultura contemporánea.
A tales efectos, el propósito de Alta Tensión es advertir las fallas de un modelo higienista de convivencia, allí donde los demagogos de turnos y los políticos de ocasión hacen valer lo esquizofrénico de toda democracia estéril. Las piezas de los artistas seleccionados resultan relatos críticos robustos (a ratos algo crípticos) que verifican la capacidad del arte contemporáneo de advertir zonas conflictivas sobre las que erigir un comentario, sino mordaz, si al menos, con cierta pretensión crítica capaz de movilizar el consenso público.