Estos trabajos aperecen reunidos bajo el título de The Navel, que proviene de la frase "The man without a Navel yet lives in me" que escribió sir Thomas Browne en Religio medici en 1642. Sir Thomas Browne consideraba que el ser humano cometía errores (pecados) y que estos eran lícitos; así lo entendía él como católico, por ser descendiente de aquel que carecía de ombligo, aquél que fue el primero en equivocarse, Adán. En otro de sus libros, Pseudodoxia Epidemica, or, Enquiries into Very many Received Tenets, and commonly Presumed Truths (Pseudodoxia epidémica o Investigaciones sobre los errores populares en materias geográficas, naturales, históricas o filosóficas), Sir Thomas Browne desarrolla un decálogo sobre la prevalencia de creencias falsas y errores vulgares. Jaime de la Jara lo utiliza como punto de partida y metáfora, aplicándolo a circunstancias y objetos contemporáneos para así producir un guión personal y plantear problemas. Su intención no es explicarlos, sino desasosegar, utilizando como herramientas la ambigüedad y la descontextualización en la búsqueda metáforas de los "ombligos" de circunstancias actuales.
Jaime de la Jara expone parte del resultado de estos dos últimos años de trabajo, que han dado como producto una serie de objetos, reproducciones de elementos cotidianos, que se caracterizan por pasar desapercibidos, pero que a la vez son de gran importancia.
En primer lugar nos presenta la serie de piezas llamadas “Keys”. Son lo que su traducción significa, llaves, llaves de la luz o interruptores reproducidos y transformados en elementos "importantes" por medio de su deformación y que, fundidos en metal, adquieren un nuevo significado y relevancia. Al ser "descendientes" de Eva, provenimos de esa mujer sin ombligo. Eva es la representación del ser que no debió cometer error y carecía de ombligo. Joyce en Ulises hace referencia a esto y Jaime de la Jara nos reproduce la desaparición del objeto como metáfora de la exclusión de los posibles errores, buscando la desaparición de la cicatriz del equívoco.
Otra de las piezas es la proyección en video de una de estas llaves en el proceso de deformación hasta su desaparición. Contiguamente se muestra la fotografía de otra de ellas, reproducida a gran formato para así transgredir aun más en su concepto y reproducir de nuevo la circunstancia que le sirve como camino para atender a los errores del conocimiento de un entorno próximo.
La serie “Flags” recrea tres radiadores construidos en madera y escayola que se encuentran situados a la altura de la cara del espectador. Son piezas que reunidas en el mismo espacio interactuan y componen una instalación que a su vez transforma el espacio. Provienen también de la transgresión del elemento y su relación con el entorno y el individuo, pero también de un poema de un autor mejicano que explicaba cual debería ser la función de la "Bandera": Elemento que debe exponer las necesidades de un pueblo para que queden claras y patentes y no tener que volver a repetirlo nunca más.
En el último espacio de la galería nos encontramos con la instalación Radiant 1: un gran diorama del fragmento de un espacio vacío. Aparentemente no hay nada, pero en él se encuentra la re-creación de un radiador de suelo. Aquí Jaime de la Jara nos remite a su interés sobre el vacío, la nada, el objeto y, como propuso Heidegger, las conjugaciones de éstos como verbos.
Jaime de la Jara (Madrid , 1972) ha expuesto recientemente en la Sala de proyectos La Capilla del Museo Patio Herreriano de Valladolid, en Centro de arteTecla Sala de Barcelona, formando parte tabién de la programación de Les Reencontres Internacionales en el Pompidou, París, y este mes de abril en el Museo Centro de Arte Reina Sofía con su vídeo Reality (show). Ha sido premiado por distintas instituciones como Caja Madrid en su certamen Generaciones en los años 2005 y 2006, por la Comunidad de Madrid en su Premio de Creación este año pasado o por La Fundación Marcelino Botín en su convocatoria de Becas del año 2003. Ahora expone en la galería Fúcares de Madrid, quien le representa, y dónde ya pudimos ver su trabajo en el año 2007 con su exposición 15 inches.
El nombre, tomado de un tratado de urbanismo de principios del siglo XX elaborado por Ebenezer Howard, es tópico, pero precisamente en su naturaleza de fragmento reside la posibilidad de explicar lo explicable del mundo que esta pintura presenta. La manera en que ha intuido superficialmente este título pone de manifiesto su profundo realismo.
Al mismo tiempo, se desvelan en dicho título y en lo que éste representa, relaciones afectivas importantes; la naturaleza, la industria como metáfora, las cosmogonías, el jardín y las alcobas. Pero va mucho más allá; el título nos revela el flujo incesante entre estos elementos discernibles, captados por el apetito voraz omnívoro y casi trastornado del autor. La figuración y los elementos que la constituyen funcionan como lugar y motivo para un viaje. La aparente representatividad de estos elementos fija y promueve la búsqueda por los espacios que las sustentan.
En apariencia, estas pinturas pretenden representar varias narrativas. El primer problema con el que se encuentra su intérprete es la ausencia de nexo. Se reconocen elementos míticos, símbolos reconocibles, pero no se consigue avanzar más. Faltan elementos de sintaxis, el sentido queda suspenso como en una narración oral que carece con frecuencia de ritmo. La extrañeza emerge. Es en esta extrañeza, en los lugares vacíos, en la nada, en lo insignificante, intuido por las miradas y los gestos, donde se encuentra el verdadero poder evocador de este trabajo. Los jardines y la industria; - Los espacios son un lugar con sabor a nada, donde se vierten relaciones y movimientos sin propósito, en un sentido, melancólico y antimoderno, y en otro, esbozando un anhelo de lucha revolucionaria; -Entre el testamento de Jean Meslier y la utopía psicodélica de los Superstudio.
Formalmente, esta inversión afectiva, existencial se ha planteado recientemente a partir del precepto escena-cuerpo. La pintura “Edén-teatro” (2007) es la matriz de donde surgen los trabajos presentados en la exposición. Edén Teatro hace referencia a un famoso edificio de la parte baja lisboeta del arquitecto modernista Cassiano Branco. En el nombre y la historia de este edificio se contiene el mismo mundo que se presenta en las pinturas de Gonçalo Pena. “Todo lo que es sólido se disuelve en el aire”. Dicha pintura representa un monje construyendo una casa en un árbol. La narrativa no es más que una propuesta, y en sentido inverso un pretexto para presentar sensaciones del mundo. Lo más destacable es que gran parte de lo que se pinta es siempre intraducible. Más allá del tema, las formas y las apariencias, lugares.
Estas tres piezas, todas ellas concebidas para el espacio de la galería, reflejan fielmente los intereses que han alimentado la obra de este artista a lo largo de su carrera, con un acusado viraje hacia nuevos medios y formatos.
La obra central de esta muestra es una serie de más de 500 monedas (Eclíptica, 2009) provenientes de 52 naciones, cuidadosamente recortadas y soldadas para dar lugar a una secuencia de eclipses numismáticos. Los distintos valores, aspiraciones y emblemas representados en cada moneda se superponen oscureciéndose unos a otros, asociando rostros de viejos dictadores con ejemplares de fauna heráldica o gestas heroicas con denominaciones devaluadas. El espectador se verá forzado a seguir esta secuencia a lo largo de las paredes de la galería, poniendo al día las viejas mitologías del sol y de la luna con los símbolos, lemas y personajes representados en cada uno de los eclipses.
Dos obras más conforman la exposición, las cuales aluden también a fenómenos de oscurecimiento en diferentes escalas y contextos. Ocho Banderas (Galileo, 1612), es un grupo de banderas de Japón y Bangladesh, dos países cuyas respectivas situaciones los colocan en polos opuestos del desarrollo en casi todos los sentidos. Comparten, sin embargo, una característica: las banderas de ambos llevan la representación de un sol naciente. Este único punto de contacto sirve al artista para utilizarlas como soporte de ocho bordados basados en los dibujos de manchas solares realizados en 1612 por Galileo Galilei a partir de sus seminales observaciones.
El interés de Vargas Lugo por los patrones miméticos y/o intimidatorios presentes en el reino animal tiene que ver con el modo en que los procesos evolutivos dan lugar a imágenes cuyo origen va más allá de toda voluntad de representación. En este caso, utiliza el revés de una mullida y lujosa alfombra persa para ocuparlo con la representación de dos ojos falsos de mariposa. La alfombra, producto de una herencia milenaria y de cientos de horas de cuidadoso diseño y trabajo manual, cede su lugar a una representación de estirpe más antigua, pero no del todo disociada de aquella.
La luz coloca a estas piezas en un plano de extrañamiento e irrealidad desde el que cuestionan al espectador. Escaleras que suben a ninguna parte, rampas y pasarelas que terminan en la pared nos interrogan acerca de su utilidad como elementos de paso, además la luz las sitúa en otro plano de significado, desde el cual desafían a la visión: la luz es lo que viene de otro lugar y pone en evidencia la materialidad de los objetos, al tiempo que la trasciende. De forma que los tubos fluorescentes encarnan una lógica de lo sagrado, al tiempo que su carácter industrial muestra las contradicciones desde las que lo cotidiano y lo trascendente crean una dialéctica, que hace emerger una lógica del extrañamiento.
Sin embargo, en la elaboración de los objetos el artista prescinde de alguna de estas consideraciones y se centra en el aspecto lúdico de las relaciones entre luz, luminaria, espacio y elementos con el que se les ensambla. Un arlequín de porcelana roto, un sombrero de copa de cristal trasparente, un cuerno de ciervo o un disco decorativo de loza cambian de status por el efecto que provoca la proximidad de los tubos fluorescentes, como si en un juego se disfrazasen adoptando nuevas identidades y significados.
Las fotografías que por primera vez presenta Carlos Schwartz, son imágenes de mamparas, farolas, bombillas, señales luminosas que inventarían la manera que tenemos de dar forma a la luz.
La galería Fúcares se complace en presentar la cuarta exposición individual de Jonathan Hammer (Chicago, 1960) en su espacio de Madrid.
Hay que imaginar que sucedió, por supuesto que sucedió. Cuándo y dónde es irrelevante. Ésta es la imagen: los niños le persiguen gritando con voces cantarinas: «¡Cabeza de martillo! ¡Cabeza de martillo!» Por eso, las dos descomunales acuarelas de cabezas de tiburón tituladas En peligro y En peligro al revés de la cuarta exposición individual de Jonathan Hammer en la Galería Fúcares de Madrid, seguramente aludan a una parte no concluida y bien conocida de su obra. Tomemos como ejemplo los dibujos Autorretrato en forma de ostra danzante, Autorretrato en forma de langosta y El poeta asado. Su núcleo es la capacidad del artista para reflejar aquello con lo que se topa: «ser» el espejo. No un distorsionante espejo de feria. Más bien, a la inversa, es la sociedad la que deforma la imagen en el espejo, una imagen que amalgama miedo y deseo, lo sagrado y lo tabú, fantasías idolátricas e iconoclastas que vienen a definir la figura del artista como espejo defectuoso y extraviado. Ésta es la idea que dio forma a la gran y espectral instalación de Hammer de esculturas de tentetiesos de porcelana. Con su mirada angustiosa modelada con suave presión en los abstraídos rostros de un blanco inmaculado, estas esculturas (del tamaño de un niño de 9 años —quizá el mismo niño perseguido: ¡Cabeza de martillo!—) son un aplastante receptáculo de fragilidad y valentía. Como los dibujos de su muestra en Fúcares, Mitad, Denuncia, estos pseudo-juguetes no tienen habla ni alma, pero siempre vuelven a levantarse, sea cual sea el miedo, siempre dispuestos a enfrentarse a quienes los han empujado.
La cuestión que sigue en pie es estética. ¿Cómo escoge el artista qué imagen «reflejada» congelar y apropiarse? Y sin duda alguna, éste es uno de los puntos fuertes y una de las peculiaridades de la obra de Jonathan Hammer. Al tiempo que reconoce e integra plenamente la historiografía del arte occidental, su legado y su forma, se niega con osadía a renunciar al contexto de la cultura actual. La riqueza y la delicadeza de las dos cabezas de tiburón, su textura e iridiscencia, la profundidad de su paleta, la torturada fragilidad y complejidad de su modelado, atestiguan con fuerza esta integración de la historia del arte europeo con las inquietudes del arte actual. Hammer resucita y recrea la noción del «monstruo bello», una idea sobre la que se construyó buena parte del arte de finales del siglo XIX y principios del XX, desde el simbolismo al modernismo y más allá. Las acuarelas se tornan el artefacto, el ornamento hecho objeto, como una joya de Tiffany o un jarrón de Lalique.
Descripción del proyecto para Art-o-Rama
MIKI LEAL / JAIME DE LA JARA Incongruente o contradictorio se podría suponer a simple vista la propuesta de estos dos artistas, y nada está más alejado de la realidad. Ya que lo no real o la ficción es el punto de tangencia en el trabajo de estos dos artistas.
Por un lado, Miki Leal utiliza la ficción -lo no real- como punto de partida para construir su propia realidad que representa en su obra. Se trata de fracciones de ficción que vincula con su propia realidad y memoria. Por otro lado, Jaime de la Jara parte de las estrategias de la ficción de los Mass media para transgredir la realidad y generar una nueva ficción. Resultando instalaciones y esculturas que nos hacen abrir interrogantes sobre lo real y lo no real. En ambos trabajos la ficción forma parte de la génesis, del contenido o de resultado de la obra, coexistiendo con tanta distancia formal en sus resultados.
Tres proyectos distintos y una única idea: explorar las posibilidades del retrato. El primero de ellos, La Separación, es un trabajo conjunto con su pareja, Graciela de Oliveira; una serie que funciona como guión teatral sobre la poética de su relación interfamiliar. En las otras dos, aborda el el rostro femenino y masculino a través de los arquetipos de la mujer como objeto de voyeurismo en la mirada masculina y del hombre como símbolo de protección y seguridad.
Fuente: Festival FhotoEspaña 2009
Foto: Luis González Palma, Jerarquía de la intimidad, la separación. Libro del artista.
© Luis González Palma
«I believe that the artist doesn’t know what he does. I attach even more importance to the spectator than to the artist». Marcel Duchamp La muestra de Vedovamazzei en Madrid —su primera exposición en España— pone plenamente de manifiesto la realidad visionaria, fantástica, irónica y poética del mundo creativo de este dúo italiano. Con vena irreverente, Vedovamazzei indaga en los aspectos más profundos y concretos de la esfera existencial y del hacer arte. De la materia sofisticada de su pensamiento, que sustrae al olvido todo fragmento de lo cotidiano, reelaborándolo en una suerte de cortocircuito de fotogramas pasados y futuros, emerge una obra de arte totalmente ajena a cualquier forma de condicionamiento en la que domina un uso provocativo de la palabra y de la imagen.
Con ocasión de la exposición individual en la Galería Fúcares de Madrid, Vedovamazzei realiza cuatro instalaciones, a mitad de camino entre juego de palabras y números, collages y objetos artísticos. El neón Lights of Spain, con el prefijo de teléfono internacional para España —de pasta amarilla y roja, como los colores de la bandera española— es un retrato conceptual, con sugestiones irreales, del galerista que acoge la exposición. Adaptados a las condiciones espaciales, emotivas y evocativas de la muestra, los números de neón reproducen de hecho la grafía exacta de Norbert. La obra hunde sus raíces en las experiencias de vanguardia de los años sesenta del s. XX, cuando los artistas sintieron una gran atracción consumista por las luces multicolor, por el magnetismo de los rótulos luminosos típicos de la gran metrópolis. En una ideal e ininterrumpida conversación con el pasado, de cuyas experimentaciones artísticas ha descifrado los códigos, Vedovamazzei revisa dicho concepto universal ajustándolo a la naturaleza privada de una única identidad.
La instalación ¡HOLA! está constituida de una serie de revistas provenientes del mundo mediático ibérico que los artistas, con la técnica del collage, han manipulado siguiendo una sofisticada maniobra lexical. Un juego de palabras atraviesa la imagen como una sacudida y domina esta regeneración contemporánea y agnóstica de la poesía visual. Con tal actitud crítica, Vedovamazzei suspende el juicio sobre el problema del poder de la prensa y de la comunicación de masas, ya que —afirman— no se las puede llegar a comprender lo suficiente y no se puede dar una respuesta a los interrogantes. Por lo tanto, no queda otra que entrar en su juego: manipular la realidad para especular sobre la comunicación.
La obra Six Nails se presenta en forma de un palé —la plataforma de madera utilizada en almacenes y en transportes industriales— en cuya estructura contiene seis clavos de plata medio bañados en oro. En los orificios del palé que acogen los clavos se esconde, para Vedovamazzei, una riqueza por descubrir: los clavos, en origen de plata, bañados en las seis cavidades de la plataforma, se embeben artificial e idealmente de oro. De una estructura pobre como la madera de base, ensamblada para fines industriales, no se espera tal abundancia. Recurriendo al imaginario del arte povera, los artistas evocan las estructuras originarias del lenguaje de la sociedad contemporánea para extraer de ellas métodos y convenciones semánticas.
Otro guiño a la fuerza expresiva y enigmática del oro se esconde en la obra The last Italian envelope, en apariencia un grupo de bolas hechas de papeles y sobres tiradas sin ningún orden al suelo. El material que compone tales esculturas realistas es oro disfrazado de simple papel. La esencia áurea de la obra recuerda a las antiguas prácticas alquímicas y animistas, dirigidas al conocimiento universal y a la transformación de los materiales pobres en metales preciosos. Y Vedovamazzei necesita la alquimia para «separar lo verdadero de lo falso», tal como describiera Paracelso en el Renacimiento.
Manuela Annibali
El bosque es ese lugar al cual uno se asoma, o se introduce a sabiendas de estar en el umbral de lo prohibido, donde todo lo inesperado puede ocurrir. Representa esa necesidad de perdernos casi vertiginosa, aquella que nos incita a traspasar los límites de lo establecido. Quien no se atreve a penetra en el bosque nunca llegará a esa segura caverna donde se desvelan los secretos del corazón. Dice Argullol: “El viaje romántico es siempre búsqueda del yo. El héroe romántico es, en el sueño o en la realidad, un obsesionado nómada. Necesita recorrer amplios espacios-lo más amplios posible- para liberar a su espíritu del asfixiante aire de la limitación.”
En el proyecto que aquí se presenta, se plantea la experiencia del individuo en relación con su entorno, a través de objetos de extrema fragilidad, porcelanas y vidrios o tan próximos, cotidianos y domésticos, como las estructuras de mobiliarios, metáfora de ese bosque ideado a modo de gran decorado en el que creemos habitar seguros. Mientras tanto, al otro lado de esa barrera, está la naturaleza, azarosa, caótica y amenazante. En nuestro organizado y cotidiano decorado, el vuelo de un pájaro hace que el aire tome vida y que nosotros, sorprendidos por su revoloteo, nos miremos a nosotros mismos, perplejos, como en un espejo, enfrentados a esa realidad. Es la naturaleza quien pone en evidencia la fragilidad del individuo, alterando la monotonía de lo cotidiano, exponiendo al individuo al caos, cuestionándonos el control que tenemos sobre nuestra propia vida.
Una animación extraída de la película de Hitchcock “ los pájaros”, se incluye en este proyecto, interviniendo en ella la presencia del espectador, su presencia en la sala, al igual que en la película provocará una perturbación. Los pájaros tan sólo son símbolos de nuestros miedos.
En el arte, tal vez todo sea un escenario, que como el frondoso bosque de la vida nos invita a ser sorprendidos para enfrentarnos a deseos y temores. Tal vez, más que nunca, el individuo al igual que el héroe romántico deba meterse en el bosque para liberar su espíritu de las asfixiantes limitaciones de la sociedad construida Se pretende en este proyecto cuestionar al espectador su búsqueda en el escenario del arte.
Quien como espectador se asome a éste bosque, tal vez sólo se encuentre a sí mismo buscando en su propia caverna.
Unas delicadas porcelanas rotas, resquebrajadas, reconstruidas en un intento inútil de volver a su primer estado, dejan claramente probada la posibilidad de la no existencia, la fragilidad de nuestro decorado.
En su obra póstuma Fragmentos de un libro futuro, Valente escribe este poema:
De ti no quedan más/ que estos fragmentos rotos./ Que alguien los recoja con amor, te deseo,/ los tenga junto a sí y no los deje/ totalmente morir en esta noche / de voraces sombras, donde tu ya indefenso todavía palpitas.
Concha García.