Exposición organizada por el Ayuntamiento de Fuenlabrada junto con Centro de Arte Tomás y Valiente. recoge la exposición de Michel Pérez (Pollo) "Cierra Los Ojos, Abre la Boca". Se podrá visitar de lunes a sábado de 10 a 14 h. y de 17 a 21 h. Domingos y festivos de 17 a 21 h. en el Centro de Arte Tomás y Valiente C/ Leganés, 51 (Madrid)
Resulta ya un lugar común advertir del interés que ha revestido para la producción estética contemporánea el universo infantil y sus elementos o símbolos más característicos. De este interés por los trayectos del imaginario infantil, deviene un cuerpo mayúsculo de obras que permitirían trazar una fecunda y profusa cartografía de actuación capaz de informar acerca de la presencia de lo infantil en el arte contemporáneo. Basándose en esa idea, se han sucedido infinidad de proyectos que buscan documentar la presencia del niño en el arte en cuanto tema susceptible a múltiples variantes interpretativas y de representación, ignorando muchas veces una tendencia acaso más atractiva que es la que se ocupa de revelar, no la presencia en sí, sino el uso de ese imaginario y su carácter paródico en el estructura misma de las obras, es decir, su potencial discursivo, sus derivaciones conceptuales y sus implicaciones culturales.
En este sentido podríamos plantear entonces un grupo de preguntas en calidad de premisas o punto de partida, a las que estas piezas y sus nexos con el discurso de la cultura, intentarían responder. ¿Quiénes son, verdaderamente, los adultos? ¿En qué modelos se asienta su ideología? ¿Cuáles son sus credos, sus más caros anhelos, sus sistemas axiológicos al uso? ¿Lo adulto es consecuencia avanzada de la niñez o, por el contrario, es deudora permanente de la primera, subsidiaria de ella? ¿Acaso se trata de un modelo del comportamiento social que basa su escritura en la colonización de la libre subjetividad y en el endeudamiento feroz de la razón? ¿Es el antagonismo a la ingenuidad y la plusvalía de los paradigmas de racionalidad más rectos, los vectores u horizontes de cumplimiento en los que satisfacer ese rancio esquema del deber ser por sobre la vehemencia del ser mismo? ¿Qué hace segregar, en un acto de exclusión siniestro, esa cualidad avasalladora del polimorfo perverso respecto del principio de realidad endogámico que justifica la actuación de los llamados adultos?
A tenor de estas digresiones interrogativas he de advertir que muchas de las piezas de Michel Pérez (Pollo), sustentan en su horizonte enfático un cuerpo de ideas cuyas dimensiones no se resisten ni se agotan en los procesos de re-semantización estética del universo infantil y sus atributos más externos, sino que amplifica sus relatos y su plataforma axiológica en los escenarios de una crítica ¿revisionista? de cierta perspectiva adulta, demasiado aferrada a los preceptos de un racionalismo extremo que se escuda en la claudicación deshonesta de los afectos. Muchas de sus obras enmascaran la acidez de sus planteamientos en medio de una nobleza cromática que se convierte en trampa para la recepción más mediocre. Esa que celebra el color como sinónimo de alegría o rinde culto a lo abyecto como asidero de transgresión. Nada hay de ingenuo en estas piezas. Por el contrario, abunda la insinuación pervertida, el grito sordo, la ansiedad sin límite, el desespero ante algo que un día se nos propuso como modelo y que hoy resulta el ataúd de toda libertad posible. Las obras son convertidas en textos, en narraciones que se tejen entre la ilusión de libertad y el principio de una realidad que se levanta como un muro, que se hace bofetada de la conciencia, escarnio del decoro, mueca de la sonrisa plena. En virtud de estas conjeturas puede entonces que el interés mayor de estas obras no resida en ellas mismas, sino en el modo cómo éstas se relacionan e interrogan el sistema cultural que les circunda y que sirve de escenario a su proliferación de encadenadas alegorías. Se trata, por tanto, de imágenes (no importan demasiado el orden morfológico de las mismas), que logran penetrar en el inconsciente colectivo con gran profundidad al tiempo mismo que con gran simpleza narrativa. Puede que en algunos casos estas imágenes nos planteen una vuelta al pasado, asociada a cierta actitud lúdica muy propia entre los niños; sin embargo no es esa mirada retrospectiva (real o ficticia) lo que más importa en el caso de una obra como la que aquí se observa. Lo verdaderamente interesante es el modo cómo esos enunciados apuntan al orden e ideología orquestada por el mundo adulto, consiguiendo (des)esquematizar y (des)jerarquizar los sistemas ortodoxos de la razón y del comportamiento socialmente aceptado dentro de los esquemas operantes.
Creo que es ahí, y no donde algunos pretenden advertirlo, donde radica su destreza como artista, ya no como pintor, en la medida en que es capaz de disponer de un discurso en apariencia ingenuo para relatar el drama de una cultura y de una condición política que halla en la inmadurez de las formas su peregrinación más absurda. Acaso resulta accidental el hecho de que los sistemas autoritarios engendren la esclerosis de su propia ideología como resultado de su deterioro existencial. En modo alguno ello resulta un accidente del sistema mismo, sino una consecuencia sociológica que halla en el terreno de la especulación artística su contraparte y en el de la infancia su más anhelada caricatura.
Ello explica, en parte, es sensibilidad de la que participa la obra de el Pollo cuando sus divagaciones morfológicas y especulaciones con la paleta no desatienden jamás las repercusiones éticas, sociológicas y propiamente estéticas que resultan de su diálogo con los perfiles culturales más inmediatos. Su trayecto de polimorfo perverso queda como huella de un momento dentro del arte cubano que ya no agota sus recursos en la fragua el martirio o la contestación brabucona, sino en el deseo de hacer el arte mismo.
Considerada por la crítica como una de las mejores artistas del panorama del arte cubano contemporáneo, la obra de Rocío García, es una apuesta por la tolerancia y el deseo en libertad. Frente a un pasado que supo mucho de exclusiones y silenciamientos en nombre de una política cultural revolucionaria que erró en su afán de creer un modelo de hombre nuevo de sensibilidad de probeta, su obra lanza un grito de afirmación en nombre de la auténtica libertad y la democracia. Todo el trabajo de Rocío es un relato de subjetividades laterales que se visualizan cada vez con mayor fuerza, al tiempo mismo que supone un ensayo sobre las licencias que se permite la psicología masculina en ese perímetro de juegos perversos que es la sexualidad.
En esta oportunidad, tres pinturas de la última serie “Temple of Flight” de finales del 2009, el video Third Vision: Around 01:00 pm (2008) y una instalación que realizará especialmente para el espacio de la Galería Luz & Suárez del Villar, junto a un conjunto de dibujos, permitirán el acercamiento a la obra de uno de los artistas contemporáneos egipcios más versátiles y potentes de la nueva generación.
El proyecto “Gods and Superheroes” (Dioses y Superhéroes) hace referencia precisamente a dioses y héroes en relaciones de superposición. En una suerte de actualización de candentes problemas del Medio Oriente, las figuras de dioses y “héroes” asumen nuevos roles –en el que se invierten incluso las posiciones jerárquicas- y trazan significados sutiles de carácter político, religioso y social.
Khaled Hafez ha creado una iconografía propia a partir de referentes de la tradición pictórica milenaria de Egipto, de sus antiguos dioses y de la narrativa que se encuentra en las paredes de las tumbas de Tebas, en simbiosis con héroes, e íconos de la cultura de consumo que ha impactado la visualidad y el modo de vida egipcio con la globalización.
Identificamos la divinidad Sekmet con la máscara de la leona, dios-a de la guerra que predomina en el Medio Oriente- en este caso como entidad femenina con poder (en conflicto con el islamismo cuya posición de la mujer es inferior); los “runners” (corredores) como símbolo del éxodo masivo sostenido en la región por los últimos siglos, éxodo de la población y de su intelectualidad; y por último nuevos “pictogramas” inventados claramente a partir de armamento militar u otros tomados de la actualidad política. Claves para entender los referentes visuales en un contexto pictórico que utiliza conscientemente la estética propia de los petroglifos y pictogramas bidimensionales del antiguo Egipto, y no las reglas de la pintura post-renacentista de la forma, la composición, la sombra, la luz y la perspectiva.
Ha aprendido a dominar la materia pictórica y a sacar provecho de ella con tanto fervor que ni su edad ni sus años de experimentación pueden justificar la fluidez y la seguridad de su obra, hay un extra que no podemos discernir, que nos llena de asombro.
La muestra contará con una serie de retratos que apuntan rasgos de sobriedad en la obra del artista y le acercan a una geometría modernista desprejuiciada, que relega a un segundo plano las influencias formales, evitándonos trámites incómodos con la ironía o la intertextualidad. Hacen un guiño pero nos distraen poco de la intimidad en que fueron concebidas las piezas, del misterio en el que trafican el hombre y el artista. Niels ostenta una de las carreras más sólidas dentro de la pintura cubana actual y tiene la capacidad para ajustar la intensidad en su trabajo con mucha precisión, para desdoblarse una y otra vez dentro de los marcos de una estética que nos sorprende y que parece inagotable. Sus personajes son andróginos, intemporales. Son oscuros, indiferentes y a la vez dichosos e iluminados. Poseen una cualidad casi Platónica que los hace distantes y bellos, victimas involuntarias de un narcisismo genético. Imágenes que son incapaces de advertir nuestra presencia porque están sujetas al reflejo de su propia beldad en nuestras pupilas. Obnubilium es una muestra que no necesita adjetivos, es una experiencia retiniana, algo físico.
El próximo 24 de octubre a las 8: 00 pm quedará inaugurada en la galería Luz y Suárez del Villar la exposición de pinturas En la cola del cometa, del joven artista cubano Alejandro Campins Fleita. Egresado recientemente de la Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte de La Habana (donde funge como profesor), Campins se ha convertido en muy poco tiempo en una de las figuras más promisorias del panorama plástico cubano de las promociones más recientes, con una visible aceptación y reconocimiento en la crítica especializada y el sistema galerístico .
Sus pinturas se inscriben en alguna medida dentro de la orientación estética neoexpresionista, y exhiben una pincelada gestual, audaz, dinámica, ajena a las retóricas y dogmas mimético-académicos. Su uso del color es muy libre y desprejuiciado, de modo que este puede adquirir las connotaciones y simbologías más insospechadas, sobre todo si tenemos en cuenta sus derivaciones y efectos psicológicos. Asimismo, destaca en las obras el enorme poder de síntesis y economía de recursos que demuestra el creador (se trata de piezas muy depuradas desde el punto de vista formal), así como sus habilidades en el manejo del espacio pictórico y el diseño de la composición interna del cuadro.
Por otra parte, sus pinturas se apartan de cualquier “vicio localista” o estereotipo en la asunción del fenómeno de la identidad nacional, para alcanzar una dimensión y un carácter de acento universal, desterritorializado, transcultural, muy en sintonía con los tiempos que corren. Dicho en otras palabras, sus obras se apartan de los clichés y lugares comunes típicos de una buena parte de la pintura cubana de hoy, desde la que se exportan presuntas “marcas” identitarias muy cercanas a la postal de souvenir. Así como se distancian de la tan socorrida y facilista fórmula de la tensión con el poder, presente de una manera casi enfermiza –y en extremo elemental– en un segmento considerable del arte joven –y no solo– que se produce ahora mismo en la isla, sobre todo aquel que opera desde el campo de la performance, el vídeo y la instalación. Las propuestas de Campins rehúyen toda frontalidad u obviedad, toda univocidad del sentido, para proceder desde una aguda sutileza que, sin dejar de ser mordaz e incisiva en ocasiones, lo hace valiéndose de un uso inteligente de la elipsis, el discurso tangencial, oblicuo. Lo cual se agradece enormemente.
La exposición estará abierta al público hasta el 26 de noviembre, y podrá ser visitada en los horarios habituales de la galería. De lunes a viernes de 11 a 14 y de 16:30 a 8:30 y sábados de 17:00 a 21:00. Calle san lorenzo, 3 Madrid 28004.
Píter Ortega Núñez
Curador y crítico de arte
Lic. Historia del Arte, Universidad de La Habana
La muestra fija su atención en materiales significantes que se activan y anulan paradójicamente, conformando escenas y motivos. Elementos del diseño total, asociados a procesos químicos, patológicos y sensoriales.
“Efectos secundarios” implica un estado posterior a la percepción inmediata, se refiere también a una actitud con relación a la historia del arte que se nutre de esta sin prejuicios. Cita estrategias de la publicidad, la decoración, estilos y tendencias múltiples; tomando por componentes básicos caramelos y píldoras. El contenido de estos materiales es aludido en circunstancias de apariencia puramente estética, impresión que vendría a connotarse por el titulo de cada obra y la referencia específica a los ingredientes que componen la imagen.
Los caramelos y las píldoras, son piezas para la construcción de imágenes de identidad disímil, en el límite de la abstracción y la referencia; ya que ambos poseen un diseño geométrico, mínimal, neutral; equiparable a un punto, visto este como señal de dimensiones pequeñas, ordinariamente circular. En su carácter funcional, son objeto de consumo social masivo y poseen similar ritual. Entrañan además una marcada reversibilidad que permite tensiones y compensaciones en su conjunción.
La motivación esencial de la obra de Adriana se concentra en el estudio del objeto, desde su función social hasta el modo en que este puede cambiar o amplificar la percepción de sí mismo y del arte. Sus proyectos transitan varias manifestaciones y se vinculan en el interés por la interrelación del objeto con la sociedad y la cultura actual. Sea un objeto contenedor, una bandera, hoja, confitura o marca registrada; se convierte en elemento de estudio y material cuya naturaleza explora, con el fin de aprovechar sus tendencias, sentido, forma y función. Como vía para activar y reformular estas cualidades, consiguiendo la desnaturalización del objeto a través de la exacerbación de sus características físicas y simbólicas. El arte como asociación y disociación de lo real, no construcción, simulación o representación.
En Efectos secundarios ella establece alusiones a estados que pueden ser tanto propios de la psiquis como asociarse a teorías básicas del diseño. Circunstancias que hacen también referencia a procesos macro sociales, mediante la fusión de estilos y tendencias aplicadas a un material específico.
Tras varias generaciones de un arte cubano nutrido por las vanguardias, el conceptualismo y visos contestatarios; y como reacción quizás, a una enseñanza pedagógica muy influenciada por las teorías de Mc Evellyn y sus contenidos, se percibe actualmente en el arte emergente cubano una tendencia a evadir aquellos paradigmas, sin ignorarlos. Como el acto natural de aprender a dibujar para desdibujar luego con mayor soltura. En su obra, esta reacción se manifiesta por la búsqueda de una visualidad donde la decoración distrae los contenidos y motivos razonables. Aún cuando su trabajo parte de una investigación profunda del objeto en su carácter social y simbólico, acudiendo luego a estrategias que confundan toda lógica y todo sentido predeterminado. En este proceso la artista genera otras lógicas y sentidos, que implican acciones, historias, momentos y estados familiares inmersos en un sistema que lejos de ilustrarlos escoge asociar y disociar sus estructuras.
En la muestra se podrán ver: • Dos serie fotográficas:
- “Motivos” / Composiciones alusivas a diferentes períodos de la historia del arte.
- “Una historia muy dulce” / Escenas de maquetas donde figuran personajes y acciones ambiguas.
• Video “Algoritmo de escape” / Animación caleidoscópica. El orden y proporciones de las imágenes responden a datos estadísticos sobre el consumo de medicamentos.
Esta Exposición es un homenaje plástico de 9 Artistas Cubanos y donde la esencia de la misma es y refleja el ensayo que escribió Juan Gil-Albert sobre el amor entre hombres,Heracles.
Este homenaje es un acto de supervivencia dentro de una maraña mal enredada. Es un acto de riqueza dentro de una situación decadente, dentro de una cultura pobre de espíritu llevado a un orden mal comprendido. Es un acto iluminador paralelo a una política semejante. No es un acto de heroísmo, es un impacto compartido.
Juan Gil-Albert es una “Criatura Afortunada”, es un Místico Anarquista, es un Príncipe, es una Raza, es un Modelo de Amor, es lo Privado, es lo Insólito, es una Manera de Ser.
Debería, me gustaría escribir …“que decir de Juan Gil- Albert, que no se haya dicho”, pero no es así. No lo escribió en Inglaterra o en Francia.
Este ensayo lo escribió en plena dictadura franquista en una España negra, el se pone a mirar desde el mediterráneo a Grecia y el Renacimiento. Activa un acto literario para modificar un orden. Decir si tardo 20 años en ver su publicación o decir que solo es la tercera edición, quizás es rico, pero no. Es pobre.
Cada hombre posee en si mismo el principio de su obligatorio destino o de sus deberes de conducta.
El hecho de que los artistas fuesen isleños para este Homenaje a Juan Gil-Albert, me parecía algo muy importante. Sus propuestas distintas en sus diferentes medios hacen cruzar un lenguaje a la altura de los disconformes.
Es la primera exposición en Medinaceli DEARTE de 9 jóvenes artistas cubanos residentes dentro y fuera de Cuba. La muestra agrupa un conjunto de más de 20 obras que incluyen fotografías, pintura, escultura, dibujos y dos videos-arte. Las obras abordan una diversidad de temáticas y registros que van desde el comentario de la realidad cubana hoy, hasta la exploración de formatos y técnicas diversas. La infancia es un referente presente en casi todas las obras. Destacan las pinturas de Michel Pérez “Pionero” y “Pionera”, retratos de niños sin rostro con los uniformes de primaria de color rojo y las pañoletas azules anudadas. Niels Reyes, trabaja por su parte, la pintura en trazos repetidos y expresionistas que dibujan rostros de niños en el acto de silenciarse, dejar de escuchar o ver. Por otra parte, las fotografías de Rodney Batista también aluden a la niñez frustrada simbólicamente al combinar con crudeza partes del cuerpo humano con peluches.
Otro tema recurrente es el exilio o la lejanía de la patria como en la sorprendente instalación de Mykael Linares: “Motherland” (Madre Patria). Una cama cuyo colchón es una superficie de ladrillos cubiertos de barro e hierbas, funciona como metáfora del lugar de descanso y de habitar. El lugar donde se vive y descansa es la Patria y no aquella donde se ha nacido. También el video de Lien Carranza alude a la condición de inmigrante de muchos cubanos que “cruzan” el mar para buscar otras oportunidades. La imagen constante del agua con textos que aparecen de conversaciones por Internet o quizás de mensajes de varias personas, se entrecruzan en soledad y lejanía de aquellos que decidieron partir o de otros que aún esperan hacerlo.
Es una muestra de fotografía acompañada de un vídeo en gran proyección. Se trata de un trabajo de la artista Cynthia González que recupera la memoria de un viaje hecho a La Habana, en el que ella se inmiscuye en la experiencia y el recuerdo de un cubano que no ha podido regresar, de ahí que la tesis sea una propuesta de reconciliación entre dos partes que han quedado escindida por la distancia y el viaje.
Estos artistas forman parte de las últimas generaciones de artistas cubanos con una obra ya consolidada y reconocida que se mueve en el ámbito de las nuevas tecnologías aplicadas al arte. Será una muestra en la que podemos apreciar las últimas obras realizadas por los artistas en soporte audiovisual y fotografía digital.
(...) Lien y Lindomar son de esos descreídos que se despojan del barroquismo psicosocial, físico-espacial y discursivo, para indagar más en lo que les remueve su suelo vivencial desde esa combinación del crear más con menos.
Su diferencia respecto a otros: no es mera estética la que alimenta sus obras, detrás está el peso de todo un conjunto de vivencias casi únicas. (...) En ambos una reacción a los excesos conceptualistas, para otorgarle a “Closed” un valor desde lo emotivo y lo sensorial, zonas caras para lo que hoy damos en llamar Arte(…)”
La aparente serenidad de Maykel, es una auténtica pose. Basta con una aproximación, no solo a su obra sino a sus preocupaciones culturales, para advertir el trasfondo volcánico de alguien que se interroga a sí mismo, alguien que se mira al espejo orquestando fragmentos de una identidad articulada en los trasiegos azarosos de un nomadismo impenitente. En este sentido la obra se estructura como un ensayo terapéutico, un ejercicio de interrogación compulsiva que le define a él y define el perfil de una obra que es, en esencia, presuntamente anárquica. Cada pieza responde de manera directa a una experiencia personal, también cultural, en la que el sujeto intenta su propio reconocimiento. De ahí el carácter autorrefencial de la poética y el deslizamiento por los territorios de la heteronomía, sin llegar a definir un alter ego concreto donde replegar la voz del artista.
Con esta propuesta accedemos a un ámbito estrictamente narrativo. Todas las obras entrañan un relato asociado a su vida, y casi todas estas asociaciones se alimentan, como nos ocurre a muchos, de la contradicción y de la ambigüedad. Hay cierta trabazón existencial que se resuelve en el plano mismo de la obra, o al menos se intenta dirimir en el orden de la superficie. Puede que esta sea en parte la razón de su riesgoso eclecticismo. Y es que Maykel necesita ese deambular por todas las morfologías y lenguajes, solo así, en esa permuta constante, el artistas haya la fórmula para narrar un universo interior marcado por la contradicción y los desplazamientos forzados. Esa personalidad múltiple, desordenada o no, acaso esto importa menos, habita en la dimensión hermenéutica de todas sus piezas. Así la cama, estupenda en su alcance conceptual, refiere la experiencia del viaje, del traslado, la ida, la permuta forzada que nos cambia, que nos altera, que a la larga puede incluso nos redima. Con forme ocurre con la cama, convertida aquí un soporte alegórico, el resto de las obras apuntan todas hacia el centro mismo de una historia personal, ya sea de orden familiar, cultural o vinculadas al recuerdo de la infancia. La memoria es, en este sentido, un protagonista de lujo en su trabajo. Maykel recupera fragmentos de de sí mismo al estilo del arqueólogo de turno, para corregir, con la revisión de su propia historia y de su experiencia sometida al diálogo especular, la silueta de esa presunta personalidad disfuncional, anárquica y, en definitiva, visceral./p>
Todo parece ser aquí un ejercicio de profilaxis, de autocorrección. La automirada, sin el restrictivo acento narcisista, es el centro de atención mayor del trabajo de Maykel. La obra es convertida entonces en subsidiara de la experiencia y de la mirada que la observa, la examina, escruta, se arremolina en sus meandros y se detiene en sus recodos. Pensar ya es difícil, pensarse lo es más…