Al margen de alusiones taurinas o combinaciones alcohólicas el título Sol y sombra alude a la vida, al color y al esplendor pero también al dolor, a la muerte y a la desaparición. La cadencia de las imágenes que componen este trabajo, con un principio pero sin un final, propone un sinfín de dualidades que se relacionan con los conceptos de luz y oscuridad: el bien y el mal, la esperanza y la desesperación, el frío y el calor, el norte y el sur.
La sencillez y simpleza de los lugares fotografiados conforman además un escenario soñado en el que el lugar y la ubicación real de cada toma fotográfica representan únicamente un dato geográfico, una anécdota, frente a la relación que se establece entre las imágenes.
Esa constante dualidad no significa sin embargo que la puesta en escena se reduzca a los tradicionales dípticos, dado que el “sol y la sombra” en muchas ocasiones están presentes en una misma imagen. Tal es el caso de la imagen de la Puerta de Brandemburgo (Berlín), donde un espacio arquitectónico contiene una carga de simbolismo que ha sobrevivido, impasible y durante largo tiempo, a dos formas muy distintas de convivencia definidas con una carga de ironía hasta hace veinte años, como este y oeste, la luz y las tinieblas…Se presenta también el libro Sol y sombra que recoge al completo el trabajo de Díaz-Maroto dedicado al tema.
Esta nueva exposición de Jordi Teixidor que presenta La Caja Negra con el titulo de L’atelier rouge, gira en torno al conocido cuadro de Matisse del mismo nombre, el cual aparece como el espacio desde el cual se van generando los diversos trabajos que presenta. No es la primera vez que Teixidor elabora su trabajo en referencia a Matisse. Ya entre 1998 y 2000 realizó ocho cuadros a partir de ese mismo Atelier Rouge, y a menudo ha utilizado su particular reflexión sobre la pintura del artista francés como referencia: obras como La joie de vivre, La danse o La Riviere le han servido bien como soporte formal que relaciona con el aspecto de sus composiciones, bien como alusión poética para generar sensaciones e inquietudes. Por no citar el cuadro que para Teixidor ha llegado formar parte de su propia iconografía y es una constante en su proceso pictórico: Porte-fenêtre à Colliure de 1914. La inquietante evidencia de lo exterior-interior, junto a la no menos inquietante sugerencia de la presencia-ausencia que toda esta pintura trasluce, ha estado presente en el proceso de creación y en el desarrollo de su obra en los últimos años.
En esta ocasión, el Atelier Rouge ha servido para dar pie a un conjunto de trabajo amplio y diverso. Matisse, al bañar de rojo esa habitación no está representando un espacio real, sino que tiene la intención deliberada de introducirnos en un espacio de ilusión. Esta habitación es un mundo de recuerdos y también de homenajes a otros pintores, a otras pinturas. Por su parte, Teixidor se sirve de cuatro fotografías de su propio estudio, una realidad señalada de forma obvia, para realizar grabados, monotipos o impresiones digitales en los que aparecen las formas geométricas características de su lenguaje. Estas valoran y sugieren particulares homenajes que nos hablan claramente de lo pictórico. De un sentido de la pintura que se entremezcla con las imágenes reales cotidianas del estudio del artista, momentos y secuencias del proceso de elaboración de las obras, esparcidos por muros y mesas que la fotografía refleja. El espacio captado por el objetivo fotográfico no sugiere una narración figurativa. Es un espacio abierto, un espacio a recorrer. Se trata también de un recuerdo y una referencia intimista al mundo personal del artista; en su taller, con sus proyectos, sus ambiciones, con sus dudas ocultas para el público o la crítica. Se trata del mundo del estudio, del atelier, al que se acude con más o menos ilusión y ánimo, pero donde se halla el espacio en el cual el artista debe enfrentarse a la no siempre dichosa y siempre ingobernable creación.
En particular en esta serie de construcciones hechas a base de serigrafías y planos superpuestos, Baldessari oculta parte de la información relevante en las imágenes y nos obliga a atender a los detalles que normalmente pasan desapercibidos. En Noses & Ears, Etc. Baldessari oculta los labios, los ojos y los rasgos faciales para dejarnos exclusivamente las narices y las orejas. En opinión de Baldessari “los ojos, los labios y las manos se han hecho una y otra vez en la historia del arte, así que pensé, ¿porque no las orejas y las narices?”. De este modo nos obliga a fijar la atención sobre esos elementos que nos causan cierto desasosiego. En sus propias palabras “Lo que dejo fuera es más importante. Quiero esa ausencia que crea una especie de ansiedad.” La serie también revela algo de lo que Baldessari llama “el retorno de lo reprimido: mientras más tratas de ocultarlo, más presente está”.
El titulo de la exposición que presenta La Caja Negra corresponde a las denominaciones que el propio Antonio Saura empleó para distinguir las diferentes series que creó relacionadas con el tema del erotismo. En la selección de dibujos y gráfica que componen la exposición se puede apreciar la evidente insistencia de Saura en recuperar la iconografía del desnudo femenino, recurrente en la historia del arte, y la presencia de la mujer como un elemento de anclaje de su práctica pictórica. Pero más allá de las referencias a las grandes obras de arte, estos trabajos se encuentran también informados por el universo de la imaginería popular, las revistas ilustradas y la pornografía. De ahí que estas obras cuenten también con una alta dosis de humor y ácida crítica –es el caso de las series dedicadas a los curas a quienes Saura no se cansaría de caricaturizar en su obra-‐ que ha de contextualizarse en la época de represión y censura en la que Saura desarrolló gran parte de estos trabajos. La exposición, que reúne tanto dibujos como obra gráfica, continúa el proyecto de presentación del trabajo sobre papel de Antonio Saura que desde 2005 La Caja Negra realiza en colaboración con la Sucesión Antonio Saura.
La Caja Negra presenta la primera exposición individual en España del artista inglés radicado en Brooklyn John Beech. Utilizando los materiales más humildes, desde moquetas automotrices hasta planchas de aglomerado, Beech crea objetos que son al tiempo imperfectos y elegantes, complejos y directos. Todo su trabajo cabalga entre las categorías de pintura y escultura al estar sobre todo interesado en el aspecto objetual de las cosas, de modo que deja que la forma y los materiales se manifiesten por si mismos. Da igual que se trate de fotografías encontradas a las que cubre literalmente de pintura, o de objetos subsidiarios – peanas, embalajes, plataformas rodantes o contenedores-‐ que se definen sobre todo por la función que cumplen y que fuera de ella se convierten en estorbos. De hecho, la elección de los materiales es un elemento fundamental en el trabajo de Beech: “Estoy interesado en fusionar el vocabulario visual de lo útil y el de la abstracción”. El resultado es un conjunto de objetos sutiles e irónicos dotados de una gran belleza y capacidad de atracción. Es evidente la influencia de maestros contemporáneos como Donald Judd, pero su estética se sitúa más bien a “nivel de calle”, alejada de las texturas perfectas y de la frialdad de gran parte del arte minimalista. El azar es otro elemento clave en el trabajo de Beech; la aplicación de la pintura sobre los objetos o las fotografías se acerca deliberadamente al trabajo de bricolaje casero en el que cierta imperfección o un goteo de más son inevitables. El resultado sin embargo siempre desposee a los objetos de su utilidad y los transforma en soportes para lo que podría considerarse una forma de pintura abstracta en la que el espectro cromático es igualmente importante. La exposición en La Caja Negra reúne dibujos, esculturas y objetos que comparten la intención fundamental de Beech: demostrar la belleza formal que hay en la imperfección de los objetos chocantes, las cosas torpes y los utensilios extraños.
La Caja Negra presenta Archipiélago, la más reciente serie gráfica realizada por Luis Gordillo y editada por La Caja Negra. La serie está compuesta por un conjunto de 12 serigrafías que resultan del intenso trabajo de colaboración con el artista durantes los últimos dos años. Utilizando hasta veinte pantallas de color en cada obra, el resultado es un conjunto de piezas que capturan la esencia del trabajo de Gordillo y su personal investigación sobre el color y la forma cargada de sentido.
La palabra Archipiélago, que da titulo al conjunto, evoca para el artista un conjunto compuesto por distintos elementos que conviven en un mismo espacio y que comparten una intención. Se trata, como el mismo ha explicitado, de piezas representativas de su método y concepto del trabajo plástico, basado en la seriación, la alteración y la reconstrucción de imágenes. El resultado es un compendio en el que se tocan temas diversos y recurrentes a lo largo de toda su obra conformando una especie de vocabulario personal sobre el que va desarrollando variaciones. Éstas son más evidentes en el conjunto de más de 30 monotipos que completan la exposición y que fueron realizados en paralelo a la edición. En ellos se concentra la manera en que Gordillo va desarrollando y encadenando formas y sentidos.
Con motivo de la exposición se publicará un catálogo con textos de David Barro y del propio Luis Gordillo que estará disponible a partir de mediados de septiembre.
Luis Gordillo (1934, Sevilla) Contemporáneo de los informalistas españoles de la década de 1950, comenzó a estudiar la carrera de Derecho en su ciudad natal, pero al poco tiempo la abandonó para dedicarse a la pintura, y se matriculó en la Escuela de Bellas Artes. En 1958 viajó a París, donde se interesó por la obra de Jean Fautrier y Jean Dubuffet. Durante esta época siguió los planteamientos estéticos de las vanguardias de Art Autre o Dau al Set. Tras otra estancia en París, su pintura se encaminó hacia la figuración, interesándose por Francis Bacon y el Pop Art estadounidense. En los primeros años de la década de 1960, sus series de Cabezas y de Automovilistas configurarán la primera incursión no mimética de un artista español en el pop internacional. Su experiencia con el psicoanálisis abre nuevas vías y sentidos a su obra. Posteriormente se dedicará a la realización de dibujos automáticos. Durante la década de 1970, estos dibujos trazados a línea, son pasados a lienzo y rellenados de color. En las décadas de 1980 y 1990, Gordillo desarrolló una pintura que le sitúa a medio camino entre la figuración anterior y las nuevas fórmulas de la abstracción postmoderna. Su trabajo es un hito importante en la historia del arte español contemporáneo. En 1981 le fue concedido el Premio Nacional de Artes Plásticas. Ganador en 2007 del Premio Velázquez de Artes Plásticas, Luis Gordillo ha presentado recientemente sendas exposiciones en espacios públicos como el Museo Reina Sofía de Madrid o el MACBA de Barcelona. Su obra figura en las más importantes colecciones de arte contemporáneo español. El 12 de junio de 2008 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla‐La Mancha en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca.
La gráfica contemporánea comienza su revolución en los talleres norteamericanos de la costa Oeste en las décadas de los 60 y 70. En esos años un grupo de artistas y talleres rompieron con los formatos tradicionales y se atrevieron a experimentar con medios técnicos heterodoxos, incluidos los procesos industriales. Las técnicas se adecuaban a los proyectos, casi siempre cargados conceptualmente, y se revaloró tanto la multiplicidad como principio, como el soporte –el papel frente al lienzo tradicional.
Los artistas trabajaron en una estrecha relación con los talleres y con los editores compartiendo premisas ideológicas acerca del trabajo colaborativo y del papel social del arte. Todos estos elementos generaron el marco en el que las técnicas gráficas vivirían su más reciente y radical transformación. Una revolución que dura hasta hoy: talleres míticos como Gemini GEL, ULAE, Tyler Graphics, Crown Point Press, Cirrus o Tamarind fueron los encargados de desarrollar un trabajo intenso e innovador que aún ahora siguen funcionando.
La Caja Negra presenta una selección de piezas provenientes de dichos talleres entre las que se incluyen piezas importantes como Bedroom (1991) de Roy Lichtenstein perteneciente a la serie de los interiores de gran formato, o Daydream (Speculations) (1997) de Robert Rauschenberg entre otros trabajos como South (1972) de James Rosenquist perteneciente al ciclo Horse Blinders (West, North, East & South) y Self-portrait with basic colours (1969) de Jim Dine.
Recolecta imágenes provenientes tanto de álbumes fotográficos de aficionados como tarjetas postales, imágenes de prensa y de revistas. Más que un archivo o una colección, se trata de constituir un fondo iconográfico a partir del cual se realizarán ediciones de todo tipo. Pensar, clasificar, ordenar y redistribuir las imágenes, esto es lo que este trabajo pone en juego, siempre con una atención extrema tanto hacia los detalles visibles en las imágenes, como hacia los clichés y estándares de la fotografía.
El proyecto Revue en 4 images (Revista en 4 imágenes) es ejemplar en este sentido. Coproducida y editada mensualmente la revista se compone únicamente de fotografías de aficionados. Cada número es la ocasión y el lugar en el que se reúne un conjunto de fotografías que, si bien proceden de un estereotipo, siempre se remiten al modelo, al fotógrafo o al trabajo desde el que opera documéntation céline duval. Estas secuencias cortas se ordenan por género, pero también a través de vínculos formales en los que entran en juego cuestiones de actitud o relaciones con objetos o paisajes determinados. A través de estos clichés fotográficos se constituye también una comunidad. Una comunidad de imágenes pero sobre todo de momentos, de gestos y de actitudes que pertenecen a cada uno y que aquí son puestas en circulación para ser compartidas. En cualquier caso la mirada que aporta documéntation céline duval se fundamenta sin duda en el placer, el que nos da tanto hacer fotografías como figurar en ellas.
La Caja Negra presenta por primera vez en España una amplia selección de ediciones e impresos, carteles, tarjetas postales, libros de artista y materiales efímeros realizados por la documéntation céline duval en los últimos años.
La galería La Caja Negra presenta el más reciente trabajo gráfico de Anish Kapoor. Al igual que en su escultura, la obra gráfica de Kapoor fusiona las influencias culturales de Oriente y Occidente generando una obra tremendamente sensual y refinada, que explora opuestos primordiales como el de lo masculino y lo femenino, lo abierto y lo cerrado o la luz y la oscuridad. Este tema, la oscuridad, es de hecho uno de los motivos centrales en Shadow, una de las series que se muestran en La Caja Negra. Kapoor ha reiterado su interés, ya no por la luz, sino por la oscuridad como ámbito de lo indefinido, de lo ambiguo.
El color en Kapoor siempre absorbe la luz y parece emerger de las sombras, de ahí que mantenga siempre esa tensión entre luz y oscuridad, entre opacidad y transparencia. Por otra parte la serie 12 Etchings recupera elementos que evocan sus propios trabajos escultóricos con pigmentos, como las piezas de forma orgánica que remiten a contenedores o los umbrales y puertas, lugares de paso a esa otra dimensión temporal a la que apunta toda su obra. El resultado final tiene que ver con la tradición del arte moderno y con la abstracción, aunque se aleja deliberadamente de un formalismo simple. Kapoor busca que en ese absoluto cromático el observador conecte a nivel corporal y simbólico con un espacio-tiempo particular de la obra, y que aparece claramente separado del mundo material en el que se encuentra. Kapoor nos invita en cualquier caso, a buscar no ya el significado, sino el sentido de las cosas.
El trabajo de Jonathan Hernández destaca por su postura crítica e irónica, a la vez que reflexiva, sobre la realidad que nos rodea: la pérdida de sentido de los ritos cotidianos de información y comunicación, la suplantación de los valores asociados al poder por otros de tipo bufonesco, la ausencia de una justificación última en los actos y situaciones que sostienen la cotidianidad del ciudadano promedio. Para la exposición que presenta en La Caja Negra, La ruta natural, Hernández ha desarrollado la problemática de la verdad desde el punto de vista de sus reflejos y de la percepción distorsionada que tenemos del mundo. Mediante un conjunto de fotografías, piezas de cerámica, collages y un video en el que yuxtapone la fuente de La Cibeles de Madrid a la copia que existe en la ciudad de México, Hernández sitúa la repetición infinita de situaciones, motivos y temas en el centro de un conjunto de obras que reflexionan sobre el modelo y su doble, sobre el anverso y reverso de la realidad y sobre los sutiles desplazamientos que se dan entre el original y la copia. En estas piezas Jonathan Hernández lleva el déjà vu casi hasta el absurdo y en ese proceso nos permite vislumbrar la fragilidad de lo real.