Exposiciones anteriores en Galería Javier López - Mário Sequeira

Paraísos

Jean Marc Bustamente, Axel Hütte, Thomas Ruff y Thomas Struth

Fue expuesta desde el 9 de junio de 2010 hasta 27 de julio de 2010.
Obra de la exposición Paraísos

El paisaje es el más antiguo de los géneros fotográficos. La primera fotografía de la historia, realizada por Nicéphore Niépce en 1826, fue un "paisaje" tomado desde la ventana de su casa. Debido a la escasa sensibilidad de aquellos primeros soportes, el tiempo de exposición de esta primera fotografía fue de ocho horas. Hasta la llegada de nuevos adelantos técnicos, el paisaje y el bodegón fueron recurrentes para los pioneros de la fotografía.

Desde entonces, la fotografía de paisaje ha recibido multitud de tratamientos y modos de representación. La gran diversidad de escenarios naturales y urbanos, y las tendencias pictorialistas, e incluso el minimalismo, han inspirado la creación de imágenes, que bien plasman el espacio de manera realista, o lo utilizan o reinterpretan para la creación de mundos imaginarios. JEAN MARC BUSTAMANTE (Toulouse, Francia, 1952)

Se inicia en la fotografía como asistente de William Klein. A finales de los 70, Bustamante emprende una serie de fotografías de gran formato sobre la periferia de Barcelona, los Tableaux, obra que cambió la percepción de la fotografía en el arte francés, borrando la frontera entre pintura y fotografía. Ya en los 80, trabajó varios años junto al escultor Bernard Bazile, experiencia que le llevo a desarrollar su trabajo en otros medios, además de la fotografía. Bustamante enfrenta al hombre con el momento en que las cosas ocurren, con “la lentitud y el movimiento de la tierra”, para que la obra de arte llegue a ser “un poderoso objeto emocional e intelectual”. Su obra tiene un fuerte contenido poético.

AXEL HÜTTE (Essen, Alemania, 1951)

Miembro de la Escuela de Dusseldorf junto a Thomas Struth, Thomas Ruff, Candida Höfer o Andreas Gursky, Hütte es un viajero infatigable, nos muestra la naturaleza en su estado más natural y libre. Compone estructuras geométricas que resultan casi abstractas y, sin manipulación alguna, selecciona el punto de vista para poner de manifiesto las relaciones entre volúmenes, líneas y colores que existen en la naturaleza. Hütte busca la emoción, como él mismo señala, “quiero atrapar la realidad que hay entre líneas, la que nunca ha sido capturada, ser yo el que atrape su primer momento como imagen”. Por eso es capaz de permanecer varios días contemplando el reflejo de un árbol en el agua, logrando “alteraciones” aparentes que atrapan al observador. Quiere que cada espectador saque sus propias conclusiones y dote a su obra de significado.

THOMAS RUFF (Zell am Harmersbach, Alemania, 1958)

Alumno de Bernd y Hilla Becher en la Escuela de Dusseldorf, Ruff es uno de los grandes renovadores de la fotografía contemporánea. Comenzó con sus retratos “de vacío psicológico”, que le reportaron fama y reconocimiento, y fruto de su colaboración con los arquitectos Herzog y de Meuron, continuó fotografiando edificios. Pionero en el uso de medios digitales, Ruff usa sus imágenes pixeladas para cuestionar la veracidad de la fotografía, interrogarse por el proceso creador y lograr una subversión del resultado final. Según sus palabras, ”la mayoría de las fotografías que nos encontramos ahora ya no son auténticas en sí, ahora tienen el sello de una autenticidad manipulada por la realidad preconcebida”.

THOMAS STRUTH (Geldern, Alemania, 1954)

Formado también bajo la enseñanza de Bernd y Hilla Becher, así como con el pintor Gerhard Richter en Dusseldorf. Desde sus primeras obras de los 70 de arquitecturas en blanco y negro, a sus paisajes de aliento romántico, Struth realiza una obra que gira en torno al concepto de contemplación desde muy diversos ángulos. Obtuvo una enorme repercusión internacional gracias a sus fotografías de museos, calles, retratos y paisajes. Desmarcándose de la tradición documental, ha tratado siempre de entender los vínculos socioculturales en su relación con el inconsciente individual, para sintetizar lo que significa el acto de mirar: los códigos de percepción, nuestra posición ante el objeto y el modo de aprehenderlo con la mirada. Como anotaba en una de sus últimas visitas a España, “me interesa la construcción universal, trato de analizar y experimentar el drama de las limitaciones de tiempo”. Es el primer artista vivo que ha sido expuesto en el Museo del Prado.

Horizons

José Mª Yturralde (Cuenca, 1942).

Fue expuesta desde el 15 de abril de 2010 hasta 2 de junio de 2010.
Obra de la exposición Horizons

Schopenhauer en su tercer libro “El mundo como voluntad y representación” (“Die Welt as Wille und Vorstellung”) nos devuelve a la naturaleza y nos habla de otras formas de entender lo sublime, “Imaginémonos en una solitaria región frente a un ilimitado horizonte, bajo el cielo totalmente vacío de nubes, con árboles y plantas sin un soplo de viento, sin animales ni hombres”. No hay diferencia en aquel sentimiento que puede ser producido tanto por un paisaje real como por una pintura.

Si relacionamos esto con el proverbio Tuareg “La morada del hombre es el horizonte” encontramos aquí como pulsión, la causa que en parte origina la serie que podemos contemplar en esta muestra, un exiguo “paisaje”, un desierto, el vacío que se intuye al ser atravesado por una línea o forma de energía cercana que a su vez activa otras direcciones, otros ámbitos o lugares que concluyen en una experiencia cercana a lo sagrado, como nuestra actitud contemplativa ante un jardín zen.

Hay también una cierta referencia a la visión metafísica de algunas pinturas románticas, el “Monje junto al mar” de Friedrich, o el “Gordale Scar” de James Ward. Asimismo podemos invocar a la intensidad de la poesía mística San Juan de la Cruz, Santa Teresa o Sor Juana Inés de la Cruz. Y como referencias más recientes las obras de Barnett Newmann, Kenneth Noland, y por supuesto Rothko. Igualmente las “Sea pieces” de Hiroshi Sugimoto, la videoinstalación “A Laundry Woman, Yamura River”de la coreana Kimsooja, o la música de Morton Feldman tienen una importancia relevante.

“Horizons” se refiere aquí a una visión humana, de ilimitada apertura hacia vastos e insondables espacios, a una experiencia pictórica que intenta trascender su propia materialidad orgánica para acceder a ese posible umbral de lo absoluto. Y ello a través de la luz o la no luz, el positivo-negativo siempre vibrante de la materia, de la energía pulsante que, como un gran río cuya corriente y vórtices en su largo periplo hacia el mar, que es otro comenzar, nos diluye en las espirales de sus olas, acaso como extensión geométrica y mental de nuestra conciencia.

José Mª Yturralde es Doctor en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Sus últimas exposiciones individuales han tenido lugar en la galerías Rafael Ortiz de Sevilla, Altxerri de San Sebastián, Universidad de Valencia (todas ellas en 2009), Gering & López Gallery y Center for Art and Media, Kalsruhe (2008). Vive y trabaja en Valencia.

Su obra se encuentra en numerosas colecciones, públicas y privadas, entre las que destacan: MNCARS; Biblioteca Nacional; Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid; Fundación Juan March; Fundación Caja Madrid; Museo de Arte Abstracto, Cuenca; Diputación de Valencia; Ayuntamiento de Valencia; IVAM; Fundació Pilar i Joan Miró, Palma de Mallorca; Patio Herreriano Museo de Arte Contemporáneo Español, Valladolid; CAB, Burgos; Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla; Centre de Recherches Visuelles, Empain, Bélgica; Brooklyn Museum, New York, USA; Massachusetts Institute of Technology, USA; Carpenter Center, Harvard University, USA; Museo de Arte Contemporáneo, Vitória, Brasil; Museo Nacional de Wroklaw, Polonia; The Asahí Shimbun, Tokio; Museo Estatal de Novgorod, Rusia.

Kaws

Kaws

Fue expuesta desde el 18 de febrero de 2010 hasta 7 de abril de 2010.
Obra de la exposición Kaws

Las tres pinturas monocromáticas que se presentan en esta exposición muestran la obra sobre lienzo más novedosa del artista, en las que utiliza un trazo brillante sobre un fondo mate. Las dos obras negras, Nightime Office y Through the Door, vuelven a recrear los personajes de Kawsbob y Chum (Bob Esponja y Michelín) que, introducidos en el lienzo en composiciones claustrofóbicas, salen violentamente del marco de la obra para invadir el espacio del espectador, arrastrando consigo fragmentos de la misma.

La obra más grande de la muestra, Dead Wrong, se articula sobre las secciones rectilíneas de las dos anteriores, y combina ambos personajes. En este caso, el espacio queda desmembrado, ofreciendo una mayor sensación de collage; esta fragmentación sugiere una nueva combinación y configuración de cada cuadro individual en un potente asalto visual. Un diminuto grupo formado por las manos de Kawsbob parece agarrar la tela del propio cuadro para taparse los ojos ante un suceso inminente, mientras Chum surge siniestramente del fondo, sin apenas relieve, de forma amenazadora.

Al alterar el tamaño de estos personajes, originalmente inocentes, Kaws se rebela contra la cultura popular y trata de provocar una sensación de pánico y ansiedad. Con sus inequívocos ojos “en X” las figuras se convierten en premoniciones de sus propias muertes, fusionando así la imaginería infantil con lo abstracto. Las estrategias del High Art – arte culto - y los iconos populares llegan a intercambiarse. Las pinturas de KAWS muestran al instante el modo en el que las imágenes populares penetran en nuestras vidas y sugieren el derrumbe de la cultura visual.

Nordic Paintings

John Zurier (Santa Mónica, CA, 1956)

Fue expuesta desde el 14 de enero de 2010 hasta 10 de febrero de 2010.
Obra de la exposición Nordic Paintings

Hijo de un coleccionista y familiarizado con el arte desde muy joven, fueron el sentimiento de soledad, el silencio y la relación emocional durante la contemplación de las obras en los museos, las que marcaron su posterior desarrollo como artista. Precisamente el establecimiento de ese vínculo emocional y natural con cada lienzo es lo que define los tres elementos esenciales de su trabajo sobre una superficie: el color, la luz y la composición. Él mismo nos declara respecto a su obra: “quiero dar el máximo sentido de color, luz y espacio utilizando los medios más simples”

Interesado profundamente en el proceso de trabajo a realizar hasta que concluye cada obra, John Zurier reconoce no trabajar con reglas determinadas, y así, todas las decisiones que toma son esenciales para el resultado final. La búsqueda de un tono, la inspiración de pequeños detalles, las notas tomadas a como registro de experiencias (que después trasladará a los cuadros) o la lectura de poetas de la exigencia de Paul Celan y Osip Mandelstam, marcan sin duda la singularidad y belleza plástica de sus lienzos.

Desde la Whitney Biennial of Art de 2002, comisariada por Lawrence Rinder, John Zurier se ha consolidado como uno de los pintores americanos contemporáneos de mayor reconocimiento. Sin embargo, lejos de considerarse parte de las tradiciones expresionista abstracta o minimalista, él se considera a sí mismo un pintor preocupado por aquello que ocurre durante la concepción del cuadro, por la pincelada -considerada un elemento estructural de su obra-, gracias a la cual consigue que cada pintura sea necesariamente diferente. La solidez de su trabajo con el color –casi siempre monocromo- y su minuciosa técnica de capas, dan un sentido absolutamente único a la representación.

La selección de la serie Nordic paintings que aquí se muestra, está tocada por un sentido lírico, casi zen, donde las formas, los colores y la materialidad del lienzo nos sumergen en una experiencia tan evocadora como singular, donde la emoción -aparentemente bajo la superficie- brota y sale a nuestro encuentro.

John Zurier ha realizado exposiciones individuales en San Francisco (2009, Philadelphia (2008), Nueva York y Madrid (2007), Inglaterra (2003) y su obra se ha mostrado en la 7ª Bienal de Gwangju de 2008 (Corea del Sur). Sus pinturas se encuentran en las colecciones del Berkeley Art Museum, San Francisco Museum of Modern Art, Oakland Museum, así como en numerosas colecciones públicas y privadas de Estados Unidos y Europa. Se graduó en 1979 en la Universidad de California donde hizo sus estudios de postgrado. Actualmente vive en Berkeley, California y es profesor en el California College of the Arts de San Francisco.

Nan Goldin

Nan Goldin

Fue expuesta desde el 12 de noviembre de 2009 hasta 30 de diciembre de 2009.
Obra de la exposición Nan Goldin

La Galería Javier López en colaboración con la Galería Mario Sequeira presenta una selección de la obra de Nan Goldin (Washington D.C., 1953), una de las fotógrafas más prestigiosas de la actualidad, renovadora del género documental y con uno de los discursos narrativos más influyentes de las últimas décadas.

El desgarro familiar que se produjo tras el suicidio de su hermana en 1965, marcó el comienzo de su carrera profesional a los 16 años, que se concretó en su primera exposición individual en Cambridge (Massachusets) en 1973. Tras su paso por Boston, se instaló definitivamente en Nueva York, donde se convirtió en la fotógrafa más importante de los años 80 y 90.

Gran parte de la obra de Nan Goldin habla de sí misma, de sus amigos, de sus amantes. Durante los últimos treinta años, ha ido creando lo que ella misma define como su diario visual: “estos son mis amigos, mi familia, esta soy yo. No hay separación entre mi vida y lo que fotografío”. Sus temas habituales son la vida, la sexualidad y la muerte, pero desde un punto de vista decididamente autobiográfico. Alejada de cualquier tipo de vouyeurismo o intención artística, Nan Goldin persigue “recordar los detalles de mi vida”, y su vida destaca por la complicidad y la cercanía con las que se enfrenta a un mundo poblado por prostitutas, punkies, homosexuales, travestidos, drogadictos, alcohólicos. Ella misma vive en ese mundo, y de algún modo traza un retrato de una generación desorientada entre anhelos y fracasos, de relaciones abiertas e intensas, con una incesante división de roles que lleva la condición humana hasta el límite de lo que permite ser fotografiado, borrando las fronteras entre lo público y lo privado.

Mirando las fotografías de Nan Goldin, la estamos viendo a ella, rodeada de su gente y sus lugares comunes y nos hace partícipes de la privacidad de los representados gracias a la exactitud de los títulos de sus fotografías que incluyen siempre nombres, lugares y fechas. Con los años su obra se ha vuelto más tranquila, contemplativa y evocadora.

Ajena a cualquier tipo de sofisticación técnica o formal, su obra está indisolublemente unida a su vida personal. La crudeza y fuerza de sus imágenes reside precisamente en esa falta de reglas estéticas. Para Goldin hacer fotografías es “una manera de acariciar a alguien, una expresión de cariño”. Y por ello también su gusto por el trabajo en series, ya que “una acumulación de retratos es la representación de una persona”. Para enfatizar el efecto narrativo, Goldin presenta sus imágenes en películas que muestran las fotografías sucesivamente, acompañadas de música como “The Ballad of Sexual Dependency” (1981-1986) o su film “I’ll be your Mirror” (1995).

Su trabajo es, a primera vista, una cruel y fría bofetada visual, que no puede ser comprendida a la manera clásica, sino más bien como una huída hacia delante, sin reglas ni estilos, sin prejuicios, y entendida como su única posibilidad de sobrevivir: “Mi obra procede de la instantánea. Es la forma de la fotografía que más cerca está del amor”.

Nan Goldin se graduó en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, 1978. En 1987 recibe el Book Prize en los Rencontres d´Arles, y en el año 2007 el Premio internacional de la Fundación Hasselblad por el conjunto de su obra. Entre sus más recientes exposiciones destacan las del Centre Pompidou, 2001, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2001, Whitechapel Art Gallery, 2001, Houston Museum of Fine Arts 2007, De Hallen, Haarlem, 2008 y New Orleans Museum of Art, 2009.

The Rogue

Michael Bevilacquia

Fue expuesta desde el 17 de septiembre de 2009 hasta 4 de noviembre de 2009.
Obra de la exposición The Rogue

Heredero de la tradición del Pop Art, Bevilacqua consigue integrar el entusiasmo propio del consumo de las culturas de masas, con un minucioso estudio de la Pintura Moderna. Su estilo pictórico sintetiza como ningún otro la estética del arte comercial y la figuración, aportando un nuevo lenguaje a la abstracción.

Su trabajo incorpora logotipos, símbolos y fragmentos extraídos del mundo de la música, la moda, el cine, la televisión, la publicidad y el arte contemporáneo, recuperando y revisando algunos elementos de su juventud en los setenta (dibujos animados y series de televisión). Sin embargo, y contrariamente al Pop Art –que enfatizaba las superficies planas-, las composiciones de Bevilacqua se construyen a base de capas que añaden profundidad a sus paisajes. Como él mismo ha declarado “mi pintura es como un diario visual de lo que pasa en mi vida en un tiempo y espacio concretos”, donde sus influencias artísticas, y en especial la música que escucha, tienen una enorme importancia. Sin embargo, este collage de citas, logos y canciones, es simplemente un aspecto de la labor de Michael Bevilacqua. Lo más llamativo de sus pinturas, además de su inteligente uso del color y la forma, es su capacidad única para componer paisajes cosmopolitas e imaginarios. Normalmente sus obras comienzan con un lienzo en blanco donde acumula imágenes hasta lograr un equilibrio, pero en esta ocasión el proceso ha sido al revés.

The Rogue (El Pícaro), la exposición “site-specific” que nos presenta, toma su nombre del lienzo creado para una exposición anterior que el artista decidió guardar para seguir creando en torno a él, hasta formar una instalación completa, que consta de un gran mural de papel serigrafiado, lienzos y obra sobre papel. “Pensé que sería interesante crear una exposición en torno a una única obra. The Rogue es un personaje imaginario salido de lo más profundo de mi psique, y contiene parte de un viejo anuncio contra la Absenta, una fotografía mía, y la gráfica de un cartel francés”.

Michael Bevilacqua estudió en el College of Art & Technology de Cambridge y la Long Beach State University de California. De sus últimas exposiciones individuales, destacan las realizadas en galerías y museos de Tokio (2002), Copenhague (2005 y 2007), Milán (2007), Beijing (2008) y New York (2004, 2005, 2006 y 2009).

Desnudos

NOBUYOSHI ARAKI/ ROBERT MAPPLETHORPE/ DAVID LEVINTHAL/ ANDRES SERRANO/ THOMAS RUFF/ JULIAN OPIE

Fue expuesta desde el 10 de junio de 2009 hasta 29 de julio de 2009.
Obra de la exposición Desnudos

Tal vez sea este el género más polémico de la Historia del Arte. Desde la época clásica el cuerpo humano ha constituido una materia prima que ha suscitado el interés de todas las disciplinas - pintura, escultura y fotografía -, pero las trabas para representarlo han sido innumerables. Tanto por las constantes prohibiciones, como por la atracción que ejercen los cuerpos desnudos, resulta un tema artístico sumamente interesante y sugerente. Es en la segunda década del siglo XX cuando las costumbres se vuelven más naturales, la mentalidad más abierta y la fotografía se beneficia de los influjos de ese cambio postulándose como un género artístico autónomo y abre nuevas vías de experimentación creativa en las que el desnudo se desliga de la censura moral y de la clandestinidad, hasta llegar en los últimos años a una situación de normalidad.

Arte Primitivo. Máscaras

Colaboración de la Pace Primitive de Nueva York

Fue expuesta desde el 22 de abril de 2009 hasta 3 de junio de 2009.

La galería Javier López presenta la exposición de Arte Primitivo, Máscaras, en colaboración con la Pace Primitive de Nueva York, galería dedicada al arte tribal desde 1973, en relación directa con la Pace Wildenstein, y con una experiencia de más de 30 años de exposiciones de excepcional calidad artística en Nueva York, París y Tokio.

La máscara, elemento esencial en la sociedad africana, es un objeto de elaboración artesanal cuya estética varía dependiendo de cada grupo o etnia y está pensada para ser contemplada en movimiento. Así, en las diversas culturas tradicionales, el baile de máscaras representa un momento esencial en toda ceremonia relacionada con el ciclo vital: el nacimiento de un nuevo miembro en la comunidad, la muerte, la siembra, la cosecha, la conexión entre el individuo y la naturaleza, ritos de iniciación…

Tiene también un componente animista muy importante: se cree que son intermediarias entre los hombres y el mundo de los espíritus, o que incluso albergan seres sobrenaturales, dioses y ancestros, y por eso les hacen ofrendas y sacrificios. Determinadas máscaras también se utilizan en espectáculos lúdicos, simplemente para entretener y divertir.

Tradicionalmente, la persona que elaboraba la máscara no era un simple artesano, sino un intermediario entre el mundo de los espíritus y el terrenal. Debía hacer de su obra un soporte digno para servirles de morada. Además de tener una alta formación técnica tras muchos años de aprendizaje, debía someterse a un ritual purificador. Por ejemplo, entre los tchokwe de Angola, la persona encargada de tallar la máscara ofrecía un sacrificio al espíritu local antes de proceder a la tala del árbol cuya madera iba a utilizar. A diferencia de las esculturas, será únicamente en el baile de máscaras cuando su creador sepa si ha realizado un buen trabajo. El artesano debe respetar las tradiciones de su comunidad y su libertad para incorporar novedades es muy limitada, ya que la belleza, tal y como la entendemos en occidente, no es el fin de la máscara.

Quien la porta debe vestirse, bailar y comportarse de una forma determinada. Pierde su identidad y se transforma en un ser poderoso y enérgico que ejercerá una influencia y poder inusitados en sus semejantes con su nueva personalidad. A veces el actor sufre alteraciones psíquicas y cuando el trance se acentúa, surge la fuerza vital que dota de sentido a la máscara. En estos rituales, la música tiene gran importancia ya que contribuye al éxtasis que provoca la presencia del espíritu en esa máscara.

Las máscaras africanas revolucionaron el arte occidental de principios de siglo XX, cuando modernistas, cubistas, fauvistas y expresionistas adoptaron la audacia de sus singulares formas. Artistas como Picasso, Braque, Matisse, Modigliani, Maurice de Vlaminck, André Derain o Gottlieb, han reconocido la gran influencia de las máscaras y el arte africano en su obra.

La excepcional selección de arte tribal que se presenta en esta exposición, refleja la amplia variedad de formas y expresiones que caracteriza a la máscara africana. Todas ellas provienen de culturas de Africa Central y Occidental, y fueron esculpidas y utilizadas en rituales a finales del siglo XIX y principios del XX.

Stars

Leo Villareal

Fue expuesta desde el 11 de febrero de 2009 hasta 14 de abril de 2009.

La Galería Javier López presenta Stars, la segunda muestra individual en España de LEO VILLAREALl (Alburquerque, Nuevo México, 1967) que constituye un paso más allá en su exploración e investigación acerca de las estructuras narrativas espacio - temporales de luz a través de la tecnología. Con esta nueva serie, el autor quiere evocar fenómenos cósmicos tales como el nacimiento del universo.

La obra de Leo Villareal parte de la luz - elemento por el que confiesa sentir una gran fascinación - para fijar determinadas reglas con las cuales crea combinaciones en las que los cambios de fricción o velocidad configuran una secuencia o rastro efímero, como si se tratase de una pequeña constelación en movimiento.

Stars exhibe tres piezas creadas usando la más reciente tecnología en LEDs (diodos emisores de luz). Cada una de ellas está compuesta por pequeñísimas bombillas blancas fijadas sobre un armazón de metal, cuya secuencia de movimientos está controlada por un software creado a través de un Mac mini. Con Stars, Villareal investiga las posibilidades del dibujo radial como destellos luminosos que se expanden y contraen sobre dicha base circular. Aunque cada una de las tres esculturas tiene su propio ritmo, consigue que estén sincronizadas creando una gran sensación de armonía entre ellas. Leo Villareal utiliza la tecnología como una herramienta con la que crear estructuras organizativas que se combinan al azar conjugando la integridad del espacio con ritmos que se alteran a través de numerosas variaciones de forma y escala. La secuencia resultante deja un íntimo e hipnótico rastro de luces, cuyos cambios y diversidad de ritmos tienen una enorme potencia visual que atrapa al espectador y que refleja el interés del artista por la “música visual” y las experiencias sensoriales.

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