La luz, sin oscuridad, no tiene sentido. ¿Podríamos decir enton- ces que la luz es un concepto re- lativo? Luz y sombras, verdad y engaño, claridad y tinieblas, pre- sencia y ausencia, forma y color… “luz oscura”. Esta sutil dualidad se convierte en protagonista del últi- mo trabajo de Vilches, conforman- do imágenes entre lo tangible y lo irreal. Aunque la luz y la oscuridad de sus fotografías parecen ciertas, algo resulta inverosímil. Quizás sea la forma de aunar luz diurna y nocturna en una misma imagen la que nos confunde e inquieta desde el mismo momento en que nos dejamos guiar por la razón y no por los sentidos.
vuelos de nuestro panorama artístico. En esta PAPEL (ES), (otra vez el deseo de no enterrar la primera idea, el juego o la ocurrencia en apariencia pueril), la lista de participantes no tiene desperdicio, tanto por la amplia trayectoria de algunos cuanto por el feliz despegue de otros cuyos nombres están ya sonando fuerte, gracias en parte, al ojo crítico de esta galería. Empecemos el recorrido. En la primera sala las soberbias piezas de Carlos Coronas, tres bellísimas pinturas abstractas en óleo sobre papel, quizá un leve recuerdo a la tendencia hard edge del expresionismo abstracto aunque, como ocurre a muchos pintores de la abstracción pura en España y especialmente a Coronas, esta pintura deja campo al gesto leve, a la huella, a la veladura, al surco del pincel, y en definitiva a esa emoción controlada que tanto acerca como aleja a Coronas de la abstracción postpictórica de un Still o de un Barnett Newman. Frente a la estática línea recta de este gran artista deudor en parte del minimalismo de Dan Flavin y autor de importantes instalaciones e intervenciones memorables como la del Centro Barjola de Gijón en 2005, nos asalta, esta vez en forma de gruesos brochazos y manchas de color puro, el cuadro de José García Navas, arquitecto y pintor reconocido. Los trabajos de García Navas fluctúan entre el orden y el azar; su gesto contenido bascula de la calma a la agitación para crear espacios de acción que no renuncian del todo a la profundidad, a ese abismo que nos engulle si miramos a una determinada distancia del cuadro, y que parece abrirse en la superficie bidemesional de su pintura all over. Acompaña a este gouache una obra independiente, más dibujo que pintura, cuyo formato apaisado nos dirige la mirada a través de una franja de papel repleta de caligrafías ingenuas e inconexas, donde juega importante papel la idea primera, un automatismo psíquico en rojo sobre blanco, cuyo resultado evoca en cierto modo los mundos imaginarios de Klee, sólo que en García Navas la verticalidad, la escalera, el avión, la cruz ascendente, la nube…parecen haber caído para encauzar su senda secuencial hacia una horizontal infinita. Saltamos ahora a los suntuosos espacios de transición para detenernos en lo delicioso de la obra fabricada con lo encontrado, en una suerte de combinaciones povera o dadaístas a lo Schwitters en las que María Aranguren, siempre atraída por el material de desecho, de reciclaje, despliega un delicado efecto visual de conjunto en sus “Cajas”; envases de cartón desplegados, pintados, pegados, cortados y al fin convertidos en cuadro, en obra de arte. Es, una vez más, la valentía y la virtud de hacer arte con lo mínimo, con esa economía de medios divulgada por Burri o Merz, y plagada de sugerencias tan sutiles como nostálgicas en su fragilidad sobre las que María Aranguren no deja nunca de incidir. A su lado, otra artista madrileña, Vicky Herreros, ha querido en esta ocasión bucear en aguas profundas, rescatando del olvido aquellos breves pero suculentos cuadernos de apuntes, que son la prueba irrefutable de su calidad como artista. Los diarios de pintor, sus proyecciones más íntimas, salen ahora a la luz en esta sucesión de pequeñas imágenes fragmentarias, donde la frescura de los conceptos parecen fluir sin pausa, atropellándose unos a otros por la rapidez con la que surgen las visiones, manchas, frotados, borrones… y por fin la clarividencia, la luz de un boceto trabado de principio a fin.
He ido remitiendo hacia la pintura, como una proyección de sí misma, la ilustración y la fruición de esos temas en diferentes géneros.
Designé como “Alegorías” al período entre 1989 y 2000 (pasado, simbolismo, misticismo y dogmatismo), y como “Temporary files” y “Wallpapers” al espacio entre 2000 y 2008 (presente, transitoriedad, ilusión y deseo). En el presente trabajo - “Lugares-comunes” (futuro, utopía, creatividad e intuición) - predominan los mecanismos de causa y consecuencia. Una actitud inmediatista de inspiración informalista, que por procesos de dilución y desecación, conducen a un resultado gradualmente revelado e intuitivamente admitido. Es una reflexión sobre los límites de la naturaleza, presentada como ilustración del proceso creativo en una utopía de contornos holísticos. Lo que vemos es un paisaje imaginario de evocaciones orientalistas, y de afinidades al naturalismo del siglo XIX portugués. La mecánica común a estas diferentes posturas, ha sido la de un proceso intuitivo y aleatorio acabando en el placer de la asertividad de la evidencia – o en una representación de composición implosiva - siempre con la preocupación de adecuación de las técnicas a cada narrativa: la erosión de los elementos en forma de fresco medieval, la sincronía de la evidencia fotográfica en forma de retrato, o la contingencia ponderable del espacio en forma de paisaje. La realidad de la pintura es la copia de los mecanismos de la realidad.
Tras finalizar su tesis doctoral sobre Sufismo y Color y tras la reciente publicación de su segundo libro titulado Los bellos colores del corazón. Color y Sufismo vuelve ANA CRESPO a exponer sus últimos trabajos en Madrid bajo el título El banquete nupcial de Venus y Canope inspirado en un verso del relato de “Las siete princesas” de Nizami.
El lenguaje poético es considerado por la mística sufí como el único modo de comunicar lo inefable. Música, poesía y mística se conjugan en la obra de Ana Crespo y los títulos de sus anteriores exposiciones constituyen en sí mismos poemas reveladores de sus inquietudes: “Atravesando el tiempo” 2002; “El ángel pavo real” 2001, “luz más luz” 2001; “Rituales de sanación” 2000; “Alquimia” 1997; “Alquimia del corazón” 1994
Esta exposición abre el primer proyecto de la tetralogía titulada “Los cuatro pájaros del Árbol del Universo”, basada en las cualidades simbólicas (alquímicas y místicas) de determinadas combinaciones y vínculos entre cuatro emblemáticos colores: blanco, rojo, verde y negro.
El espectador debe despertar sus sentidos y sumergirse en las resonancias poéticas y visuales que se le proponen.
La artista traslada a un lenguaje plástico comprensible desde la conciencia artística occidental, la complejidad de esa unión mística- equivalente a nuestra tradición alquímica de la “piedra filosofal”- que la tradición metafísica del Islam ilustra en la Unión nupcial entre el Rubí y la Perla”, entre el Rey rojo y la Reina blanca, entre el Fuego y el Agua, entre Venus y Canope.
Para abordar esta cuestión simbólica de la relación blanco y rojo (Belleza y Majestad) en esta exposición en particular Crespo se ha inspirado en textos sobre personajes bíblicos como Abraham, Moisés, José..., presentados desde una visión gnóstica por autores como Nizami o Ibn Arabí.
“Para esta Muestra he utilizado registros y técnicas diferentes: pintura, collage, instalación, libro objeto, serigrafía, escultura,... en fieltro, entretela, papel de algodón y de arroz, seda... con la elección de unos y otros, he buscado intensificar la cualidad evocadora de este vínculo cromático, presentar los tesoros simbólicos de los colores, y lejos de lo intelectual, introducir al espectador en una atmósfera llena de resonancias”.
ANA CRESPO, (Madrid 1964) Doctora en Bellas Artes (2005), realiza la primera exposición significativa en Francia, en 1987, paralelamente a una serie de instalaciones para el río Loire. Desde entonces participa en casi un centenar de muestras, especialmente en Europa, también en Japón, Corea, Estados Unidos y Egipto. Trabaja con diversidad de técnicas y registros: pintura, fotografía, instalación, escultura... eligiendo los materiales a partir de su cualidad simbólica. Comprometida con el arte y la creación artística, indaga en diferentes tradiciones, buscando respuestas que ponen en relación arte, espiritualidad y vida.
La estrategia de ensamblar, de territorializar el espacio, que es en sí misma búsqueda y subsiguiente imposición de sentido a un objeto, goza en la actualidad de una renovada vigencia. Se trata de un género heredado de las experiencias cubistas del pasado siglo XX consistente en superponer elementos de distinto orden para producir un Algo significativo. Desde entonces ha venido funcionando como un elemento revitalizador en las artes contemporáneas hasta instalarse entre ellas como un género autónomo. El ensamblador –moderna variedad urbana del escultor tradicionalinvestiga con los materiales de su entorno a partir de una agrupación inicial y con el propósito de encontrar un acuerdo entre ellos. Tiene que encontrar la forma adecuada para que en ella se expresen las relaciones de los materiales aportados y posibilitar así la reflexión que -el artista- establece con ella.
Animada por un humor latente e implícito, la obra de Gilbert Garcin (La Ciotat, Francia, 1941) juega con el absurdo y lo extraño, con la angustia, las ilusiones y los límites. En los tiempos de lo digital y del Photoshop, ofrece la austeridad de una imagen estática y sin horizontes. Deliberadamente arcaico, continúa sirviéndose de viejas tijeras y pegamento, también a la hora de recortar y adjerir su silueta o su cabeza en sus obras.
Fuente: Festival FhotoEspaña 2009
Foto: Gilbert Garcin, Perseveracia (Perseverance).
© Gilbert Garcin
En esta exposición presento piezas cuyo tema gravita sobre dos tipos de geometría.
Las piezas del primer grupo, de obra más reciente, se construyen tensando sus superficies sobre curvas helicoidales que se entrecruzan o se encadenan. Todas ellas comparten la evocación de la turbulencia de los fluidos. Hay quien sostiene que la turbulencia, en una amplia gama de escalas, se puede descomponer en remolinos auto semejantes. Aunque no sé si esto finalmente ha sido demostrado, la idea me resulta muy atractiva pues significaría que existe un elemento mínimo para explicar todo el universo infinito de posibilidades del comportamiento caótico de los fluidos. Estas obras nacen como si efectivamente existiera este elemento mínimo combinando distintas simetrías de una sola curva básica.
Pero más allá de las reflexiones que puedan subyacer a las obras de esta exposición, la ambición que anima mi trabajo es encontrar formas nuevas que sean capaces por si solas de atrapar nuestra atención. En el angosto camino de la escultura abstracta, de orientación geométrica y carácter austero, encontrar formas nuevas que resuenen por si mismas, de alguna manera, es todo lo que se puede aspirar a conseguir porque…. si la escultura de este tipo puede ser algo más, sin duda no debe pretender serlo deliberadamente.